Niños que juegan, Eduardo Fraile

viernes, 27 de marzo de 2020
Niños en el jardínPierre Bonnard

NIÑOS QUE JUEGAN

cada noche, la noche
vencida, exhausta bajo el peso de un ángel
de seda y de silencio
‍‍‍‍ ‍‍ ‍‍‍‍ ‍‍ ‍‍‍‍ ‍‍ ‍‍‍‍ ‍‍ ‍‍‍‍ ‍‍ ‍‍‍‍ ‍‍ ‍‍‍‍ ‍‍ ‍‍‍‍ ‍‍ ‍‍‍‍ ‍‍ ‍‍‍‍ ‍‍ ‍‍‍‍ ‍‍ ‍‍‍‍ ‍‍ ‍‍‍‍ ‍‍ ‍‍‍‍ ‍‍ ‍‍‍‍ ‍‍ ‍‍‍‍ ‍‍   (han cesado
ya los espasmos últimos de la clarividencia)
‍‍‍‍ ‍‍ ‍‍‍‍ ‍‍ ‍‍‍‍ ‍‍ ‍‍‍‍ ‍‍ ‍‍‍‍ ‍‍ ‍‍‍‍ ‍‍ ‍‍‍‍ ‍‍ ‍‍‍‍ ‍‍ ‍‍‍‍ ‍‍ ‍‍‍‍ ‍‍ ‍‍‍‍ ‍‍ ‍‍‍‍ ‍‍ ‍‍‍‍ ‍‍ ‍‍‍‍ ‍‍ ‍‍‍‍ ‍‍ ‍‍‍‍ ‍‍ ‍‍‍‍ ‍‍ ‍‍‍‍ ‍‍ ‍‍‍‍ ‍‍ ‍‍‍‍ ‍‍ ‍‍‍‍ ‍‍ ‍‍‍‍ ‍‍ ‍‍‍‍ ‍‍ ‍‍‍‍ ‍‍ ‍‍‍‍ ‍‍ ‍‍‍‍ ‍‍ ‍‍‍‍ ‍‍ ‍‍‍‍ ‍‍ ‍‍‍‍ ‍‍ ‍‍‍‍ ‍‍ ‍‍‍‍ ‍‍‍‍ ‍‍ ‍‍‍‍ ‍‍ ‍‍‍‍      ‍‍cede
y se abandona, olvídase un instante
—un abismo sin fondo, un universo—
de sí
para que, como niños
‍‍‍‍ ‍‍ ‍‍‍‍ ‍‍ ‍‍‍‍ ‍‍ ‍‍‍‍ ‍‍ ‍‍‍‍ ‍‍ ‍‍‍‍ ‍‍ ‍‍‍‍ ‍‍ ‍‍‍‍   que juegan
‍‍‍‍ ‍‍ ‍‍‍‍ ‍‍ ‍‍‍‍ ‍‍ ‍‍‍‍ ‍‍ ‍‍‍‍ ‍‍ ‍‍‍‍ ‍‍ ‍‍‍‍ ‍‍ ‍‍‍‍ ‍‍ ‍‍‍‍ ‍‍ ‍‍‍‍ ‍‍ ‍‍‍‍ ‍‍ ‍‍‍‍ ‍‍ ‍‍‍‍ ‍‍ ‍‍‍‍ ‍‍ ‍‍‍‍ ‍‍‍‍ ‍‍‍‍      hoy podamos seguir inventando la vida


‍‍‍‍ ‍‍
Eduardo Fraile Valles, Con la posible excepción de mí mismo, Tansonville, Valladolid, 2001. ‍‍

Dialéctica de los cuerpos, José Gutiérrez Román

lunes, 23 de marzo de 2020
Dumitru Brodetsky

DIALÉCTICA DE LOS CUERPOS

Como si yo fuera una pregunta
y tu cuerpo albergase la respuesta,
en ti estoy contenido
y en ti me acierto.
Has sucedido para que se cumplan
las leyes de lo insólito,
para no sucumbir entre las ruinas
del tiempo y el espacio.

Me invade ahora la certeza
de tu respiración,
la urgencia del latido
que traspasa los días y, al rozarte,
se convierte en palabra.
Como si yo tan sólo fuese
la pregunta, y tu cuerpo la respuesta
que vuelve para interrogarme:
un soplo más de tiempo, ese pasillo
que se abre entre dos cuartos en penumbra,
donde la luz aprende a desnudarse
y un instante nos basta
para justificar toda una vida.


José Gutiérrez Román, Material de contrabando, Difácil, Valladolid, 2020.

[Para que se cuenten], Belén Gopegui

domingo, 8 de marzo de 2020
Mujer leyendo una cartaJohannes Vermeer


Hay cientos de miles de vidas de mujeres que no sólo merecen ser contadas, sino por las que hemos de luchar para que se cuenten, porque ganarle la pelea a las estructuras depende también de las historias que tengamos. A ver, no es que sería bonito o interesante que se contaran, es que las necesitamos para entender lo que nos está pasando. Sabemos bien que no todo en ellas fue perfecto. Hubo errores, muchos causados por esa vida pública que se entromete en el clima personal, y otros por la obcecada y casi infinita capacidad humana de equivocarnos. Sea como sea, queremos conocer.


Belén Gopegui, Ella pisó la Luna. Ellas pisaron la Luna, Literatura Random House, Barcelona, 2019.

Aunque hubiera tenido que comer pan solo, Eduardo Fraile

miércoles, 4 de marzo de 2020
Sobre la ciudad, Marc Chagall


AUNQUE HUBIERA TENIDO QUE COMER PAN SOLO

Madre,
me acuerdo de una vez, no sé cuándo, tú ya eras
muy mayor, el sol nimbaba
tu rostro puro, finísimo, de sonrisa esplendente,
sin una arruga. Hablabas de mi padre,
que había muerto años atrás: tortolica sin socio,
sola en el aire cenital del mediodía.
La vida
iba llegando a su fin, y recordabas los años
de privaciones y escasez, tenacidad y esperanza:
«Tu padre
tardó mucho en colocarse cuando volvimos de Madrid...»
Y me contabas los trabajos y los días
de un Hércules civil al que nunca abandonó la fe
en el futuro. Porque el futuro éramos
nosotros. Es decir, yo. Lo escribo ahora,
2 de enero del año 2008, con temblor
y deslumbramiento, en el centro geométrico de un charco
de soledad purísima.
Te veo,
te vuelvo a ver mirándome, porque me parecía a él
(a quien él era entonces), tomándome la mano
entre tus manos de ríos azules que se iban
yendo tras el recuerdo: Madre,
hoy que no queda nadie de nosotros (yo menos
que ninguno) tus palabras florecen,
bellísimas, en el silencio definitivo de un poema
de amor que tú escribiste con tu vida
(yo le habría seguido
aunque hubiera tenido que comer pan solo)
hasta el final.
‍‍

Eduardo Fraile Valles, Retrato de la soledad, Difácil, Valladolid, 2013.

[Durante el tiempo suficiente], Lars Jonsson

sábado, 29 de febrero de 2020
Gorriones, Sr. y Sra., Annick Ruyault


Cuanto más se observa un ave, más interrogantes surgen. Björn von Rosen [...] anotó que para ver lo invisible, uno debe aprender a apreciar de forma correcta lo que sí es perceptible al ojo humano. Si uno se permite contemplar las cosas cotidianas durante el tiempo suficiente, se dará cuenta a continuación de que lo ordinario y lo sencillo a nuestro alrededor se convierte en algo único.


Lars Jonsson, Aves que veo en invierno, Errata Naturae, Madrid, 2019. Traducción de Elda García-Posada.

[Hoy no deseo ser vosotras...], Eduardo Fraile

domingo, 23 de febrero de 2020
Golondrinas volviendo a los nidos, Takashi Muramatsu


Hoy no deseo ser vosotras, pero si existe un cielo
más allá de este cielo, donde estén los que amamos
y donde todo sea
mejor,
quiero que vengáis allí conmigo,
que lleguéis como ahora, como si no os hubierais ido
nunca, como si hubierais de quedaros para siempre...


Eduardo Fraile, Balada de las golondrinas, Pre-Textos, Valencia, 2009.

[Porque la vida va callándose], Marcel Proust

lunes, 17 de febrero de 2020


Hace mucho tiempo también que mi padre ya no puede decir a mamá: «Vete con el niño». Para mí nunca volverán a ser posibles horas semejantes. Pero desde hace poco otra vez empiezo a percibir, si escucho atentamente, los sollozos de aquella noche, los sollozos que tuve valor para contener en presencia de mi padre, y que estallaron cuando me vi a solas con mamá. En realidad, esos sollozos no cesaron nunca; y porque la vida va callándose cada vez más en torno mío, es por lo que los vuelvo a oír, como esas campanillas de los conventos tan bien veladas durante el día por el rumor de la ciudad, que parece que se pararon, pero que tornan a tañer en el silencio de la noche.


Marcel Proust, En busca del tiempo perdido (1. Por el camino de Swann), Alianza, Madrid, 1998. Traducción de Pedro Salinas.