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Putrefacción, Charles Bukowski

sábado, 31 de mayo de 2014
Kiyoshi Koishi

PUTREFACCIÓN

Últimamente
me ronda este pensamiento
que este país
ha retrocedido
4 o 5 décadas
y que todo el
avance social
los buenos sentimientos de
una persona hacia
otra
se han borrado
y se han reemplazado por la
vieja
intolerancia de siempre.

Más que nunca
tenemos
egoístas ansias de poder
desprecio por el
débil
el viejo
el pobre
el
desvalido.

Estamos reemplazando necesidad con
guerra
salvación con
esclavitud.

Hemos desperdiciado
los logros
nos hemos deteriorado
deprisa.

Tenemos nuestra bomba
es nuestro miedo
nuestra condena
y nuestra vergüenza.

Ahora
se ha apoderado de nosotros
algo triste
que nos deja
sin aliento
y ni siquiera podemos
llorar.




                    Charles Bukowski

 

   

[El Hospital General...], Charles Bukowski

miércoles, 28 de septiembre de 2011
Enfermera de pueblo, Richard Prince


El Hospital General del Condado de Los Angeles supo de algún modo lo de mi padre y la señorita Ackermann me dijo un día:
—Henry, ésta es tu última sesión de tratamiento. Te echaré de menos.
—Venga, no te engañes —dije—, no digas tonterías. ¡Vas a echarme de menos tanto como yo a esa aguja eléctrica!
Pero aquel día se comportaba de modo extraño. Sus ojos estaban acuosos y oí cómo se sonaba la nariz.
Una de las enfermeras le preguntó:
—Vaya, Janice, ¿qué te pasa?
—Nada, estoy perfectamente.
Pobre señorita Ackermann. Yo tenía 15 años y estaba cubierto de granos, enamorado de ella y ninguno de los dos podíamos hacer nada.
—Muy bien —dijo ella—, ésta va a ser tu última sesión de rayos ultravioletas. Túmbate sobre el estómago.
—Por fin sé cuál es tu nombre —le dije—. Janice. Es un nombre bonito. Igual que tú.
—Oh, cállate —dijo ella.
La volví a ver cuando sonó el primer aviso del aparato. Me di la vuelta, Janice reajustó el aparato y salió de la habitación. Jamás volví a verla.


Charles Bukowski, La senda del perdedor, Anagrama, Barcelona, 1987 (1982), pp. 146-147.

Un corresponsal me escribió con amargura, Charles Bukowski

martes, 1 de marzo de 2011
Naturaleza muerta con un plato de cebollas, Vincent Van Gogh



UN CORRESPONSAL ME ESCRIBIÓ CON AMARGURA:
«en su último libro
había 43 poemas
que hablaban de
la muerte sin tapujos
o se referían a ella
de
manera
indirecta...»

doblé esa carta
con esmero
y la coloqué
en un montón
con las
demás.

me hice
el muerto
y no
contesté.



























Charles Bukowski, El padecimiento continuo, Visor, Madrid, 2010, p. 133.

Me siento a gusto en el vecindario nuevo, Charles Bukowski

jueves, 17 de febrero de 2011

ME SIENTO A GUSTO EN EL VECINDARIO NUEVO

mi vecino, de nombre Charley,
me sorprende podando el seto
y me cuenta que
su negocio factura un millón
de dólares al año,
y yo le digo:
«eso es fantástico, Charley».

iza la bandera roja, blanca y
azul en el asta todos
los días, la baja por la noche,
hay que ser comprensivo con él.

tiene 83 años y un perro gordo
que se llama Hildegard.

en mi antiguo vecindario
me daba miedo entrar en mi
cocina cuando pasaba por momentos malos
porque
el cuchillo de la carne estaba alli.

ahora duermo con una navaja
bajo la almohada,
más por ellos que por
mí.



Charles Bukowski, El padecimiento continuo, Visor, Madrid, 2010, páginas 36-37.

Buen intento, Charles Bukowski

sábado, 11 de septiembre de 2010
BUEN INTENTO

el mejor sueño que he tenido
en la vida
podía
volar
en ese
sueño

sobrevolaba
campos y las colinas
pardas
y secas
y
allá abajo
hombres, mujeres y
niños
estaban
corriendo

y entonces
mi mecanismo
de vuelo empezó a
fallar
a vacilar
y empecé a
caer
lentamente hacia
ellos
y
levantaron las
manos
e intentaron
cogerme
pero por pura
y
detestable fuerza de voluntad
me obligué a
remontar
el vuelo
otra vez
fuera de su alcance

y con eso
se fue haciendo
cada vez más
sencillo
y volé
cada vez más
alto
a través de las nubes
hasta alcanzar
la
luz del sol.

cuando desperté
estaba en el
suelo de la celda para borrachos
de la vieja cárcel de
Lincoln Heights
en el 21 de
North Avenue
y no sólo
no tenía
alas,
lo único que tenía era
mi recibo de pertenencias
y alguien estaba
vomitando
en el
retrete.

quizá me tocara ser
ángel
en alguna otra
ocasión.



Charles Bukowski, Guerra sin cesar: poemas 1981-1984, Visor, Madrid, 2008, pp. 301-303.