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Las dos mitades, Ana María Shua

martes, 29 de noviembre de 2011
Amantes, Marc Chagall

LAS DOS MITADES

Charles Tripp, el hombre sin brazos, se ganaba la vida como carpintero antes de entrar en circo. Eli Bowen, el acróbata sin piernas, tenía dos pequeños pies de diferente tamaño que nacían de sus caderas y era considerado el más buen mozo de los artistas de circo. En una de sus actuaciones conjuntas Bowen conducía una bicicleta mientras Tripp pedaleaba. Los espectadores aplaudían como tontos, sin darse cuenta de todo lo que podríamos hacer si tuviéramos esa otra mitad de la que nada sabemos, la mitad que nos falta, la otra parte de estos cuerpos inacabados que sólo por ignorancia imaginamos completos.


Ana María Shua, Fenómenos de circo, Páginas de Espuma, Madrid, 2011, p. 95.

Nos pasa a todos, Ana María Shua

viernes, 25 de noviembre de 2011
En el circo, Marc Chagall

NOS PASA A TODOS

Si la contorsionista tiene artrosis y el trapecista sufre de vértigo, si a la ecuyere se le rompió el menisco por desgaste y el mago perdió los reflejos, si el malabarista tiene presbicia y una tendinitis supraespinal le impida al domador hacer restallar el látigo, qué importa, la vejez no existe. Se tiene la edad de los sueños, la edad de los deseos, la edad de la más joven de tus amantes, la edad de tu corazón. Y siempre habrá algún lugar para nosotros en el circo: solo se trata de maquillarnos un poco más cuando los años nos conviertan a todos en payasos.


Ana María Shua, Fenómenos de circo, Páginas de Espuma, Madrid, 2011, p. 72.

La enana en el tren, Ana María Shua

sábado, 17 de septiembre de 2011
LA ENANA EN EL TREN

Es quizás una mujer, de muy baja estatura. Resulta difícil asegurarlo porque tiene los rasgos deformados por una quemadura que parece haber abarcado la cabeza, el cuello y una parte del pecho chato. La ropa grande y desordenada, amontonada sobre su cuerpo, se entreabre debajo de las clavículas mostrando la línea donde comienza la piel sana. El pelo largo brota desde la parte superior de su cuero cabelludo y con los movimientos del vagón se levanta de costado mostrando las cicatrices en la nuca y alrededor de las orejas. A cada pasajero sentado, la enana le deja una estampita en las rodillas. Muy pocos se fijan en ese cuadradito de papel. En el mío hay una foto pornográfica. El señor sentado a mi lado se ha dado cuenta y me mira con reprobación no exenta de tristeza, pero no puedo pararme para alejarme de él, no puedo despegarme del asiento aunque vea que el tren ha girado en redondo, aunque vea que la locomotora está mordiendo ya el vagón de cola, aunque vea cada vez más cerca, más certeros, esos dientes grandes, eficientes, de acero, con los que se devora, nos devora.


Ana María Shua, Temporada de fantasmas, Páginas de Espuma, Madrid, 2004, p. 98.

Filtro de amor, Ana María Shua

martes, 13 de septiembre de 2011
Filtro de amor, Michel Doucet

FILTRO DE AMOR

Para hacerse querer, machacar en un mortero de plomo diez ojos de murciélago y una cabeza de mamba hasta reducirlas a una pasta. Incorporar lentamente quince dientes de ajo crudo y disolver en bencina. Cuando la persona amada beba este filtro le crecerá de inmediato el labio superior hasta colgar por debajo de la barbilla, sus ojos perderán color, adquiriendo un aspecto protuberante, la nariz se le achatará a la manera de los cerdos, la columna vertebral, combada, formará una joroba, las articulaciones de las manos le quedarán rígidas y deformes, se le ennegrecerán los dientes y se enamorará perdidamente de usted.


Ana María Shua, Temporada de fantasmas, Páginas de Espuma, Madrid, 2004, p. 13.