Mostrando entradas con la etiqueta Alain Badiou. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Alain Badiou. Mostrar todas las entradas

[El arte debería...], Alain Badiou

viernes, 8 de septiembre de 2017
Niño en un columpio, Charles Blackman 


El arte debería transformarse en algo más afirmativo que, más que criticar el estado del mundo y criticar el arte mismo, debería buscar los recursos secretos del mundo, las cosas positivas pero escondidas, los elementos de liberación que aún están a punto de nacer, que están naciendo. Y ello manteniendo sus orientaciones contemporáneas, y su importante violencia crítica. El arte debería ser, también, una promesa, debería prometernos algo dentro de su capacidad subversiva. Hay que desconfiar de la consolación, pues el arte no ha de ser consolador y no está para mecernos, aliviarnos o protegernos. Pero prometer es otra cosa.
   [...] No siempre hay que anunciar el desastre, aunque haya razones para hacerlo. Creo, más bien, que el arte debe decir que el desastre es posible, que quizás es más que probable, pero que podemos evitarlo. Tiene que decir, también, que algo en todo ello depende de nosotros, a eso es a lo que yo llamo una promesa. Entonces, diré, simplemente, que el arte contemporáneo [...] tiene la capacidad de recordarnos todo aquello de lo que somos capaces.

‍‍ ‍‍
‍‍ ‍‍

[El proceso de una verdad], Alain Badiou

miércoles, 16 de agosto de 2017
Masao Yamamoto


Para que se inicie el proceso de una verdad es preciso que algo acontezca. [...] Una verdad deviene novedad —y toda verdad es una novedad— porque un suplemento azaroso interrumpe la repetición. Una verdad comienza en el momento en que surge, indistinta aún.


Alain Badiou, Conferencia sobre la sustracción

[Todo gran poema...], Alain Badiou

martes, 4 de julio de 2017
 Pejac


Todo gran poema es el lugar de lenguaje de una confrontación radical con lo real. Un poema le extirpa a la lengua un punto real de imposible de decir.


Alain Badiou, En busca de lo real perdido, Amorrortu, Madrid, 2016.
 

[El nacimiento del mundo], Alain Badiou

domingo, 3 de marzo de 2013
 Monte Fuji al atardecer, Hokusai


   ¿Qué es lo que se experimenta a partir de lo Dos y no de lo Uno? ¿Qué es el mundo examinado, practicado y vivido a partir de la diferencia y no de la identidad? Yo pienso que el amor es eso. Es el proyecto, que incluye naturalmente el deseo sexual y sus pruebas, que incluye el nacimiento de un niño, pero que incluye igualmente otras mil cosas, a decir verdad, no importa qué a partir del momento en el que se trata de vivir una prueba desde el punto de vista de la diferencia (...).
   El amor es una proposición existencial: construir un mundo desde un punto de vista descentrado respecto a mi simple pulsión por sobrevivir, o sea, respecto a mi interés. Yo opongo, aquí, “construcción” a “experiencia”. Digamos que si, apoyado sobre la espalda de aquella a quien amo, veo la paz de la tarde en un lugar montañoso, la pradera de un verde dorado, la sombra de los árboles, los corderos con hocicos negros inmóviles detrás de los setos y el sol a punto de ponerse detrás de las rocas, y sé, no por su rostro, sino en el mundo mismo tal y como es, que aquella a quien amo ve el mismo mundo, y que esta identidad forma parte del mundo, y que el amor es justamente, en ese momento mismo, esa paradoja de una diferencia idéntica, entonces el amor existe y promete seguir existiendo. Y es que ella y yo somos incorporados a ese único Sujeto, el Sujeto de amor, que intenta el desplegamiento de un mundo a través del prisma de nuestra diferencia, de modo que este mundo advenga, nazca, en lugar de ser sólo lo que llena mi mirada personal. El amor es siempre la posibilidad de asistir al nacimiento del mundo.


Alain Badiou, Elogio del amor, La esfera de los libros, Madrid, 2011, pp. 34-35, 37-38.

[La emergencia de una verdad], Alain Badiou

domingo, 29 de julio de 2012
 Erosión, Eien Iwahashi
  


 (...) ¿Por qué la «voluntad general» se pondría de manifiesto en una mayoría numérica? Rousseau no logra aclarar este punto, y por lo tanto, solo en las revueltas históricas, minoritarias pero localizadas, unificadas e intensas, tiene sentido hablar de una expresión de la voluntad general.
   Lo que ocurre, que Rousseau denomina «expresión de la voluntad general», yo lo llamaría por otro nombre filosófico: la emergencia de una verdad, en determinadas circunstancias, de una verdad política. Esta verdad reside en el propio ser del pueblo, en eso respecto de lo que la gente es capaz de acción e ideas. Esta verdad surge en las lindes de la revuelta histórica que la arranca de las leyes del mundo (en nuestro caso arranca de la presión del deseo de Occidente) con la forma de un nuevo posible antes ignorado. Y la afirmación (después, como veremos, organización) de este nuevo posible político se presenta bajo una forma explícitamente autoritaria, la autoridad de la verdad, la autoridad de la razón. Autoritaria en sentido estricto puesto que, al menos en principio, que existe en la revuelta histórica un derecho absoluto es algo que nadie puede desconocer públicamente. Y es precisamente este elemento dictatorial lo que a todos entusiasma tanto como la demostración de un teorema, como una brillante obra de arte o una pasión amorosa por fin declarada, todas estas cosas respecto de las que ninguna opinión puede contradecir la ley absoluta.



Alain Badiou, El despertar de la historia, Clave Intelectual, Madrid, 2012, pp. 84-85.