Mostrando entradas con la etiqueta Juan Cruz López. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Juan Cruz López. Mostrar todas las entradas

Regalo, Juan Cruz López

miércoles, 24 de agosto de 2011
Fuego azul, Magdalena Salamanca

REGALO

1985. La joven astronauta afroamericana Luisa Simpson se despide de su marido la noche antes de salir con la primera expedición aeroespacial comandada por una mujer de raza negra. Luisa le recuerda que cumplirá años orbitando alrededor de la Tierra y Thomas, su marido, le dice un tanto azorado que no se preocupe, que ya se las ingeniará para hacerle llegar un regalo de los que no se olvidan.
Al otro lado del planeta, un ultranacionalista eslavo llamado Lukas Kosictz decide, tras viajar por medio mundo, hacer algo por su patria, y como considera que lo que diferencia a simple vista a su país del resto de naciones civilizadas es la terrible suciedad de sus cunetas, dirige un grupo de abnegados militantes que esparcen concienzudamente por todos los linderos de las carreteras una sustancia inflamable con la que una noche, una noche clara y fresca de verano, prenden fuego a todas las cunetas de su país, pretendiendo así limpiarlas.
En ese mismo momento, justo el día de su cumpleaños, a la astronauta afroamericana se le saltan las lágrimas cuando en la noche, en la para ella negra y volcánica noche de una de las mitades del planeta azul, una rosa de fuego le hace preguntarse en qué lugar oscuro de nuestra alma se encuentran los límites del amor.


Juan Cruz López, 50 pasos para dar el salto, Berenice, Córdoba, 2009, pp. 119-120.

Autofagia, Juan Cruz López

miércoles, 23 de marzo de 2011
AUTOFAGIA

A Carla también le gustaban los puzzles. Algunas veces cogía las fotos de sus amantes y las hacía trizas. Después iba a emborracharse. Cuando regresaba por la mañana se quitaba la ropa y se revolcaba sobre los trozos de las fotografías de los hombres que la habían acompañado en aquel camino hacia no sé sabía qué forma final de autoexterminio. Luego tomaba cada uno de los trozos y se lo metía en la boca, se abría otra cerveza, le masticaba el rostro al fantasma que salía en la foto y se tragaba el pedazo. Y así con todos. Era como si quisiera recomponer en su estómago otra especie nueva de hombre que, al menos, no la dejara insatisfecha; aunque al final lo único que conseguía era vomitar una papilla grisácea de ojos, cejas, bocas, pelo, ropa, de vez en cuando alguna gorra o un cinturón, y muy de tarde en tarde algún zapato viejo o una corbata negra. Sin embargo, todo fue distinto el día en que, sin darse cuenta, se tragó la foto donde una mujer de mirada huidiza le acariciaba el pelo a un joven de gesto taciturno. Esa mañana no supo reconocer a la mujer de rostro ambiguo que la miraba desde el otro lado del espejo.

Desnuda frente al espejo, Henri de Toulouse-Lautrec


Juan Cruz López, "Cuento y aparte" en Narrativa 2009, Instituto de la juventud (España), 2009, página 25.