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El sueño verdadero, Vicente Gallego

viernes, 14 de agosto de 2009


EL SUEÑO VERDADERO

En el cenit del día
un derrumbe se escucha silencioso:
es el ínfimo estruendo
de la nube que quiebra su lograda figura
para ser de sí misma sólo un eco en lo alto.
Todo está en su solsticio,
en su plena apariencia mientras el sol lo abrasa.
Y a la herida del hombre su latido le presta
el frágil corazón de la que cree su hora
en la burla del tiempo.

Todo vive muriendo y, sin embargo,
qué arraigado saberse cierto y hondo
en la misma raíz del desarraigo,
qué morada a cubierto en la brusca intemperie,
qué verdad este sueño
cristalino de agosto.



Vicente Gallego, Santa Deriva, Visor, Madrid, 2002, p. 18.

Viento de poniente, Vicente Gallego

viernes, 20 de marzo de 2009


VIENTO DE PONIENTE

Mientras prende el crepúsculo
en la espalda de agosto su silenciosa brasa,
recogido en el cántaro que es el tiempo en la noche,
contra tu dicha escuchas
tropezar obstinados unos élitros negros.

En la corola bebe
de una luz rozagante esa fe laboriosa
que fabrica la miel de tu alegría.
Y aunque cierres los ojos, aunque no quieras verla,
en el mismo panal que alimenta tu sueño
a escondidas desova la famélica sombra.

Aunque no la merezcas,
aunque logre ahuyentarla todavía
de tu horizonte limpio ese fértil vigor
que el abono se quiere
de un cumplido clavel apretado de aroma,
un día ha de venir para quedarse,
y entonces cerrarás desarmado los ojos,
y en el reverso frío de tus párpados secos
con nitidez hiriente contemplarás al fin
el vuelo tortuoso sobre un cielo arrasado
de la negra libélula.




Vicente Gallego, Santa deriva, Visor, Madrid, 2002, p. 45.

Lo que al día le pido, Vicente Gallego

sábado, 8 de noviembre de 2008


LO QUE AL DÍA LE PIDO

Lo que al día le pido ya no es
que me cumpla los sueños, que me entregue
los deseos cumplidos de otros días
porque al fin he aprendido que los sueños
son igual que las alas de un insecto
y al tocarlos el hombre se deshacen;
y es que un sueño al cumplirse es otra cosa
que no ayuda a volar.
Lo que al día le pido es ese sueño
que al rozarlo se parta en otros sueños
lo mismo que una bola de mercurio
y que brille muy lejos de mis manos.
Lo que al día le pido empieza a ser
más difícil incluso de alcanzar
que los sueños cumplidos, porque exige
la fe antigua en los sueños.
Lo que al día le pido es solamente
un poco de esperanza, esa forma modesta
de la felicidad.