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[Lo perfecto], Benjamín Prado

viernes, 24 de julio de 2015
La maldición, René Magritte


   En lo perfecto hay algo que no cuadra.


Benjamín Prado, Más que palabras, Hiperión, Madrid, 2015.
  

[Lo cierto], Benjamín Prado

domingo, 8 de junio de 2014
El río azul, Kent Shiraishi



   No quiero estar en lo cierto si no es contigo.



Benjamín Prado, Doble fondo, Hiperión, Madrid, 2014.
     

Doble o nada, Benjamín Prado

domingo, 5 de abril de 2009


DOBLE O NADA

Un hombre que se ríe es una fuente;
el que mira la lluvia
cae muy despacio encima de sí mismo.
La sombra de los árboles
pertenece a la olas.
El sabor del aceite se escucha en los mercados.

Eso es cierto.

También es verdad que hay palabras
que suenan, a lo lejos,
como el mar
que abandona en la playa los restos de la luna;
palabras construidas
con la luz de los bosques,
el metal del que está hecho el ruido de los trenes.

Eso es cierto.
______________Y también: En los motores fríos
agoniza el león blanco de la mañana.

El olor de una rosa sube de las bodegas.
Del corazón del muerto escapan las palomas.

Todo es verdad.
______________Un río es del tamaño
del hombre que se aleja de ese río.
La mujer es azul cuando ve las montañas.
El que pisa la nieve, camina sobre el cielo.

Todo es cierto. Tú dices:
____________________Las campanas
convierten la ciudad en un barco perdido.

Y yo sé que eso es cierto.
_____________________Abro los ojos
y tú ves un jardín;
miro la noche
y para ti estos versos
son esa noche.

Tú sabes que es verdad. Tú has venido a decirme:
O lo aceptamos todo o es que todo es mentira.



Benjamín Prado, Ecuador (Poesía 1986-2001), Hiperión, Madrid, 2002, pp. 11-12.

Frases de Mala gente que camina, Benjamín Prado

domingo, 23 de noviembre de 2008


Hay vidas que consisten en que por las mañanas tienes mucho que hacer y por las noches no tienes nada que recordar.

La ofuscación es la última bala de los resentidos.

Los celos son las bestias de carga del rencor.

Tener éxito es fácil, lo difícil es merecerlo.

Esa aleación de hipocresía y miedo que a menudo es la prudencia.

La nostalgia, ese moho de la memoria, esa oscura envidia de uno mismo. La nostalgia es el opio de los tristes, es una droga alucinógena que te hunde a la vez que te alivia, te hace sonreír mientras te clava en la espalda sus pretéritos perfectos e imperfectos.

El fatalismo es una carencia propia de gente sin recursos: un fatalista es alguien que no tiene la suficiente imaginación para engañarse a sí mismo.

A la abnegación en cuanto le quitas tres letras se queda sólo en negocio.

Disparando al caballo no matarás a las moscas que lo rodean.

Hablamos de los planes como si fueran un manual de instrucciones, pero sólo son un libro en blanco.

Sólo existen dos maneras de ser feliz: hacerse el idiota o serlo.

Los dictadores no hacen Historia, sólo la deshacen.

Perderse es inventar otro camino.

Vivir es irse haciendo con la vida.

La envidia no es más que la admiración de los mezquinos.

No busques respuestas donde las respuestas no merecen ser encontradas.

Las guerras siempre han servido para que unos cuantos mueran y otros tantos vivan mejor que antes.

Ser sabio no es saberlo todo siempre, sino cada cosa a su tiempo.

La nostalgia es un monstruo de tres sílabas que devora la razón.

Qué suerte la de los animales que, como no hablan, se entienden.

La abundancia te vuelve conformista por la misma razón que la escasez te vuelve valiente.

Cuando el deseo se cumple, el sueño se rompe.

En algunas ocasiones, la única diferencia entre un ataúd y una pizarra es que en el caso de la pizarra el muerto está fuera.

En este mundo no hay distancia más corta que la que separa las dudas concretas de las generales.

La indecisión es las matemáticas al revés: sumas las mismas cosas y cada vez te dan un resultado distinto.

La humildad es sólo uno de los sicarios de la soberbia.

La única sinceridad en la que puede confiarse es aquélla de la que, aunque quisieras, no podrías arrepentirte.

La ambición nos hace ser tan ingenuos que confundimos ser libres con que nos cambien a una jaula más grande.

Dar la cara es de idiotas: los listos siempre tienen un recurso mejor.

La verdad es un veneno para quien la conoce y no la puede compartir.



Benjamín Prado, Mala gente que camina, Alfaguara, Madrid, 2006.