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[Me asombra el optimismo...], Marta Sanz

viernes, 16 de junio de 2017


Me asombra el optimismo que transmito en los mensajes reales de mi vida. Tengo un lado claro que me preocupa.
O puede que, a ratos y sólo a ratos, de verdad desee que todos los demás sean felices.


Marta Sanz, Clavícula, Anagrama, Barcelona, 2017.
  

[Hoy asistimos al intento...], Marta Sanz

lunes, 23 de enero de 2017
 Tsunami, Pejac


Hoy asistimos al intento [...] de colocar la literatura en una posición exclusivamente autorreferencial, de falsa independencia respecto a las estructuras económicas y morales tanto desde el punto de vista de una creación que se considera “inocente” o neutral —ph neutro, colutorio sin alcohol—, como desde el punto de vista de una recepción que coloca el producto literario en la categoría de lo inofensivo o de lo intrascendente: la literatura y en especial las novelas se relegan al espacio del ocio, son retórica suntuaria, marca de cierto tono o prestigio social, y todos los escritores se convierten en enanos saltimbanquis y sus historias en espectáculo, como si las narraciones literarias no tuvieran la capacidad de afianzar la ideología hegemónica o como si las narraciones –aparentemente no literarias- no tuvieran la capacidad de fundar realidades que a menudo en nada se parecen a la verdad.

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Marta Sanz, No tan incendiario, Periférica, Cáceres, 2014.
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[Estamos enterrados...], Marta Sanz

sábado, 26 de marzo de 2016
Judy Dater


   Estamos enterrados y hablamos en voz alta para no morirnos. Para constatar que aún la tierra no nos ha desecado la boca y la faringe. [...] Hablamos porque no nos queda más remedio que hablar. Vivimos en una situación permanente de últimas palabras.


Marta Sanz, Farándula, Anagrama, Barcelona, 2015, p. 231.
 

[Anticipar acontecimientos], Marta Sanz

lunes, 21 de marzo de 2016
 La sibila de Cumas, Miguel Ángel [Capilla Sixtina]


   A Valeria se le aceleró el pulso y trató de tranquilizarse pensando que no había que adelantar acontecimientos, que adelantar acontecimientos suele ser una forma innecesaria de recrear la angustia, de invocarla incluso cuando no existe ningún motivo para que haga acto de presencia. Anticipar acontecimientos enloquece al hombre al que acaban de practicarle una biopsia y aún no sabe si el diagnóstico de su edema de Reinke ha derivado hacia algo peor; anticipar acontecimientos hace llorar a esa mujer a la que acaba de llegarle una notificación de embargo y otra de desahucio —no sabe que las cosas serán mucho peores de lo que barrunta—; anticipar acontecimientos destroza esa relación sentimental en la que ella lleva meses diciéndole a él: «Me vas a dejar. Sé que me vas a dejar.» «Me dejarás, seguro.» «Cuando me dejes, ¿qué haré yo sin ti?» Y de nada sirven las negativas del hombre, el consuelo, las promesas, porque al final el hastío, la desconfianza y la previsión trágica se concretan en un «No puedo más» que le da la razón a esa sibila de Cumas. La última profecía de autocumplimiento es un relato de Quim Monzó. Y otro de Dorothy Parker.


Marta Sanz, Farándula, Anagrama, Barcelona, 2015, pp. 49-50.
 

[En sordina], Marta Sanz

jueves, 24 de diciembre de 2015
Resistencia, Aleksandar Marković


   Si buscáramos un antónimo de claudicación, posiblemente sería resistencia. Pero los antónimos perfectos no existen y a veces para resistir hay que claudicar un poco, de la misma forma que para claudicar conviene ser fuerte. Sin heroísmos. Nos queda la esperanza de que claudicar no signifique lo mismo que resignarse y de que, cuando uno claudica porque no le queda más remedio —pagar la hipoteca, comprar el pan—, le vaya brotando en el centro de la médula espinal la preciosa y legítima semilla del rencor que, bien administrada, puede dar grandes frutos. Sigo oyendo las trompetas, pero en sordina.


Marta Sanz, No tan incendiario, Periférica, Cáceres, 2014, pp. 161-2.

[El párpado es...], Marta Sanz

domingo, 22 de noviembre de 2015
La niña enferma II, Edvard Munch


El párpado es
en el fondo
tan delgado
que toda luz
lo traspasa.

Y también la oscuridad.



Marta Sanz, Cíngulo y estrella. Cancionero, Bartleby, Madrid, 2015.

[Nos faltan realidades], Marta Sanz

martes, 1 de septiembre de 2015
La cascada, René Magritte


   Marguerite Yourcenar, en mitad de un cuento legendario —«La leche de la muerte»—  sobre una madre emparedada que es capaz de amamantar a su hijo después de muerta porque, de sus pechos, brota la leche a través de dos agujeritos, nos brinda una reflexión imprescindible: «Créame, Philippe, lo que nos falta de verdad son realidades». Porque de verdad nos faltan realidades es necesario seguir escribiendo fábulas, leyendas, novelas, cuentos, nouvelles, experimentos de ficción que revelen otra vez la esencia mutante, metamórfica y omnívora de los géneros narrativos... Porque el mundo no está hecho sólo de textos y de verdad nos faltan realidades es necesario contar historias y volver, en definitiva, a la literatura como forma de conciencia de la vida y como capacidad de nombrar y de intervenir en el mundo.


Marta Sanz, No tan incendiario, Periférica, Cáceres, 2014, pp. 147-178.
 

[Huellas], Marta Sanz

lunes, 20 de abril de 2015


Algunas novelas gustan, “aunque” sean políticas: se les hace una concesión. La política, como defecto estilístico, sólo se asocia a un determinado tipo de ideología. Todas las novelas se comprometen, todas dejan una huella negra sobre la nieve blanca; sin embargo, algunas huellas se difuminan, se mimetizan con la atmósfera del discurso del poder, reproducen el esquema dominante y su ruido se amortigua en la complacencia y en la comodidad colectiva.


Marta Sanz, No tan incendiario, Periférica, Cáceres, 2014, pp. 121-122.
 

[Textos que duelan], Marta Sanz

jueves, 2 de abril de 2015
 El poeta recompensado, René Magritte


   Propongo escribir textos que duelan. Frente a las visiones edulcoradas de la realidad, toda la literatura tendría que doler y alejarse de esas bonitas perspectivas irónicas que no son más que un tupido velo para tomar distancia y para separar «inteligentemente» los labios sin causar muchas molestias practicando el ejercicio de la corrección política. La autocensura. La actitud que garantiza un lugar en el mundo.
   [...] Me atrevo a proponer una manera de literatura política en la que revolución de lenguaje y lenguaje de la revolución no sean marbetes antagónicos: una literatura que se repiense, que vaya más allá de los moldes discursivos previsibles sin etiquetarse en el círculo concéntrico de la endoliteratura; una literatura política que, además de cuestionar los límites entre géneros, a la vez hable del precio de las cosas, de los oficios, de todo aquello sobre lo que ya no nos paramos a pensar porque es «normal».


Marta Sanz, No tan incendiario, Periférica, Cáceres, 2014, pp. 82-83.