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[A lo máximo...], Samuel Beckett

domingo, 17 de enero de 2016

 Daido Moriyama


   A lo máximo que puede aspirar uno es a ser al final algo menos de lo que era al principio, y así sucesivamente.


Samuel Beckett, Molloy, Alianza, Madrid, 2012.
 

[volver de noche...], Samuel Beckett

domingo, 6 de septiembre de 2015
Kiyoshi Koishi

volver
de noche
a casa
encender

apagar ver
la noche ver
pegado al cristal
el rostro


Samuel Beckett, Obra poética completa, Hiperión, Madrid, 2000, p. 179.
 

[escúchalas sumarse...], Samuel Beckett

sábado, 22 de agosto de 2015
El camino del lobo, Suren Manvelyan

escúchalas
sumarse
las palabras
a las palabras
sin palabra
los pasos
a los pasos
uno a
uno


Samuel Beckett, Obra poética completa, Hiperión, Madrid, 2000, p. 137.
 

[¿Cuántas horas todavía...?], Samuel Beckett

lunes, 13 de abril de 2015


   ¿Cuántas horas todavía, antes del silencio siguiente, no son horas, no será el silencio, cuántas horas todavía, hasta el próximo silencio? Ah, estar informado, saber esta cosa sin fin, esta cosa, esta cosa, este barullo de silencio y palabras, de silencios que no lo son, de palabras que son murmullos. O saber que aún es la vida, una forma de vida, una forma de vida destinada a acabar, como otras han podido acabar, como otras podrán acabar, antes de que la vida acabe, bajo todas sus formas. Palabras, palabras, la mía nunca fue más que esto, confusamente una mezcla de silencios y palabras, mi vida, la mía, que yo declaro acabada, o por venir, o todavía en curso, según las palabras, según las horas, con tal que dure todavía de esta extraña manera.


Samuel Beckett, "Textos para nada", Relatos, Tusquets, Barcelona, 2009, p. 101.
 

[Mientras las palabras salgan...], Samuel Beckett

domingo, 15 de marzo de 2015


   Mientras las palabras salgan nada cambiará, ahí están las viejas palabras sueltas aún. Hablar, no hay más, hablar, vaciarse, aquí como siempre, no hay más. Pero las palabras se agotan, es verdad, esto cambia todo, salen mal, malo, malo. O es el temor de llegar a las últimas palabras, de saldar las cuentas, antes del fin, no, porque ese sería el fin, a fin de cuentas, no es seguro. Tener que gemir, sin poder hacerlo, ay, más vale reprimirse, acechar la buena agonía, es engañosa, creemos estar en ella, aullamos, resucitamos, aullidos benéficos, mejor callarse, es el único medio si se quiere reventar, no decir ni pío, reventar quebrándose de imprecaciones reprimidas, explotar mudo, todo es posible, la continuación.


Samuel Beckett, "Textos para nada", Relatos, Tusquets, Barcelona, 2009, p. 86.
 

[Agotadores, los recuerdos...], Samuel Beckett

miércoles, 4 de marzo de 2015


   Agotadores, los recuerdos. Por eso no hay que pensar en ciertas cosas, cosas que te importan, o mejor sí, hay que pensar en ellas, porque si no pensamos en ellas corremos el riesgo de encontrarlas, en la memoria, poco a poco. Es decir, hay que pensar durante un rato, un buen rato, todos los días y varias veces al día, hasta que el fango las recubra, con una costra infranqueable.


Samuel Beckett, Relatos, Tusquets, Barcelona, 2009, p. 31.
 

[Abandono], Samuel Beckett

domingo, 15 de febrero de 2015


   Abandonar, pero si todo está abandonado, no es reciente, yo no soy reciente. Hubo pues algo una vez. Hay que creer que sí, pero saber que no, nunca nada, sólo el abandono.


Samuel Beckett, Relatos, Tusquets, Barcelona, 1997.
  

[La espera], Samuel Beckett

domingo, 26 de octubre de 2014


   Quien tanto ha esperado esperará siempre, y transcurrido un cierto plazo nada puede suceder, ni nadie venir, ni haber más que la espera que se sabe inútil. Quizá sea su caso. Y cuando uno muere (por ejemplo), es demasiado tarde, ha esperado demasiado, no se vive lo suficiente para poder detenerse.


 Samuel Beckett, Malone muere, Alianza, Madrid, 2012, p. 96.

[Gris], Samuel Beckett

miércoles, 17 de septiembre de 2014
 Sin título (negro sobre gris), Mark Rothko


   Aunque todo se vuelva oscuro, aunque todo se vuelva claro, aunque todo siga gris, el gris es el que se impone, para empezar, dado lo que es, pudiendo lo que puede, hecho de claro y de oscuro, pudiendo vaciarse de éste o de aquél, para no ser más que el otro. Pero quizá me hago ilusiones en el gris, sobre el gris.


Samuel Beckett, El innombrable, Alianza, Madrid, 2010, p. 58.
  

[En el silencio no se sabe], Samuel Beckett

viernes, 22 de agosto de 2014
El devanado del silencio, Leonor Fini


   [...] es demasiado tarde, quizá sea demasiado tarde, quizá ya está hecho, ¿cómo saberlo?, no lo sabré nunca, en el silencio no se sabe, quizá sea la puerta, quizá me halle ante la puerta, lo que me sorprendería, quizá sea yo, fui yo, en algún lugar fui yo, puedo partir, durante todo este tiempo viajé, sin saberlo, soy yo ante la puerta, ¿qué puerta?, ya no es otro, ¿qué viene a hacer aquí una puerta?, son las últimas palabras, las verdaderamente últimas, o son los murmullos, van a ser los murmullos, conozco eso, incluso no, se habla de murmullos, de gritos lejanos, hasta donde se puede hablar, se habla antes, se habla después, son mentiras, será el silencio, pero que no perdura, donde se escucha, donde se espera, a que se rompa, a que la voz lo rompa, quizá sea el único, no sé, no vale nada, es cuanto sé, no soy yo, es cuanto sé, no es el mío, es el único que haya tenido, no es cierto, debí de tener el otro, el que dura, pero no duró, no comprendo, lo que quiere decir que, si dura siempre, yo estoy siempre ahí, me abandoné ahí, espero, no, no se espera ahí, no se escucha, no sé, se trata de un sueño, quizá sea un sueño, lo que me sorprendería, voy a despertarme, en el silencio, no dormirme más, seré yo, o seguir soñando, soñar un silencio, un silencio de sueño, lleno de murmullos, no sé, son palabras, no despertarme nunca, son palabras, es lo único que hay, es menester seguir, es cuanto sé, ellos van a detenerse, conozco eso, los noto que me sueltan, será el silencio, un breve instante, un buen momento, o será el mío, el que dura, que no duró, que dura siempre, seré yo, es menester seguir, no puedo seguir, es menester seguir, voy pues a seguir, hay que decir palabras, mientras las haya, hay que decirlas, hasta que me encuentren, hasta que me digan, extraño castigo, extraña falta, hay que seguir, acaso esto se haya hecho ya, quizá me dijeron ya, quizá me llevaron hasta el umbral de mi historia, ante la puerta que da a mi historia, esto me sorprendería, si da, seré yo, será el silencio, allí donde estoy, no sé, no lo sabré nunca, en el silencio no se sabe, hay que seguir, voy a seguir.


Samuel Beckett, El innombrable, Alianza, Madrid, 2010, pp. 221-222.
   

[Tantas cuerdas], Samuel Beckett

viernes, 11 de abril de 2014

   Nacer, he aquí mi actual idea, es decir, vivir el tiempo suficiente para saber qué es el gas carbónico libre, y luego dar las gracias. Eso siempre ha sido, en el fondo, mi sueño. Todas las cosas que siempre han sido, en el fondo, mi sueño. Tantas cuerdas y nunca una flecha. No hace falta la memoria.


 Samuel Beckett, Malone muere, Alianza, Madrid, 2012, p. 72.
 

[Vivir...], Samuel Beckett

sábado, 29 de marzo de 2014


   Vivir. Digo vivir y ni siquiera conozco su significado. Lo intenté sin saber qué intentaba. A pesar de todo quizás haya vivido sin saberlo. Me pregunto por qué hablo de estas cosas. Ah, sí, para distraerme. Vivir y hacer vivir. Ya no vale la pena enjuiciar las palabras. No están más huecas que lo que arrastran.


 Samuel Beckett, Malone muere, Alianza, Madrid, 2012, p. 30.

[Acabar], Samuel Beckett

lunes, 10 de marzo de 2014
Sin título, Mark Rothko


   Pero no desespero de poder un día salvarme sin callarme. Y ese día, no sé por qué, podré callarme, podré acabar, lo sé. Sí, ahí reside la esperanza, una vez más, de no hacerme, de no perderme, de seguir aquí, donde me he dicho que estoy desde siempre, pues corría prisa decir algo, acabar aquí sería maravilloso. Pero ¿es de desear? Sí, es de desear, acabar es de desear, acabar sería maravilloso, quienquiera que yo sea, dondequiera que yo esté.


Samuel Beckett, El innombrable, Alianza, Madrid, 2012.

[Reincidencias], Samuel Beckett

domingo, 29 de diciembre de 2013
El mundo de los ingenuos, Max Ernst


   Me saqué del bolsillo el cuchillo de cocina y me dediqué a abrirme con él las venas de la muñeca. Pero el dolor no tardó en vencerme. Primero grité, luego me detuve, cerré el cuchillo y volví a guardármelo. Mi decepción no fue grande, en el fondo no contaba con otro resultado. Eso es todo. Siempre me ha entristecido reincidir, pero la vida está hecha de reincidencias, al parecer, y la misma suerte debe de ser una especie de reincidencia, no me sorprendería lo más mínimo. ¿He dicho ya que había cesado el viento? La caída de una lluvia fina descarta de algún modo toda idea de viento.


Samuel Beckett, Molloy, Alianza, Madrid, 2012, p. 91.

[Aquellas palabras...], Samuel Beckett

viernes, 8 de noviembre de 2013
El arte de la conversación, René Magritte


   Aquellas palabras se inscribieron para siempre en mi memoria, sin duda porque las entendí de buenas a primeras, lo que en mí no es frecuente. No porque fuese duro de oído, porque tengo el oído bastante fino, y percibo quizá mejor que nadie los ruidos sin un sentido determinado. ¿De qué se trataba entonces? Quizá de un fallo del entendimiento, que sólo resonaba si era percutido varias veces, o, si se prefiere, que resonaba, pero a un nivel inferior al raciocinio, si es posible concebir tal cosa, y es posible concebir tal cosa, puesto que yo la concibo. Sí, las palabras que oía, y las oía bastante bien, porque era bastante fino de oído, las oía la primera vez, e incluso a veces la segunda, y a menudo también la tercera, como puros sonidos, libres de toda significación, y probablemente era ésta una de las razones de que conversar me resultara indescriptiblemente penoso. Y las palabras que yo pronunciaba y que casi siempre debían estar en relación con un esfuerzo de la inteligencia, me parecían a menudo el zumbido de un insecto. Lo cual explica que yo fuese poco conversador, me refiero a esta dificultad que tenía no sólo para comprender lo que decían los otros, sino también lo que yo les decía a ellos. Cierto que con un poco de paciencia nos llegábamos a comprender, pero respecto a qué, pregunto yo, y con qué finalidad.


Samuel Beckett, Molloy, Alianza, Madrid, 2012, pp. 74-75.

[Cuando falten las palabras], Samuel Beckett

viernes, 4 de octubre de 2013
Tierra baldía, Man Ray


   Todavía lo tenue todavía aún. Siempre que todavía lo tenue todavía de algún modo aún. De cualquier modo aún. Con palabras que empeoren. Mirada que empeore. Para que se vea la nada. Hacia la nada por ver. Por ver tenue. Igual que ahora a modo de algún modo aún ¿dónde en ninguna parte todos juntos? Los tres juntos. ¿Dónde allí peor vistos los tres por última vez? Espalda encorvada sin más. Descalzo avanza lento el par. Cráneo y mirada sin párpados. ¿Dónde en la angosta inmensidad? Di sólo inmensidades de distancia. En ese angosto vacío inmensidades de vacío de distancia. Mejor peor más tarde.
   ¿Qué cuando falten las palabras? Ninguna para qué entonces. Pero di a modo de algún modo aún de algún modo que tenga que ver con la vista. Con menos vista. Todavía tenue y así y todo… No. En modo alguno así aún. Di mejor peor palabras que faltan cuando en modo alguno aún. Todavía tenue y en modo alguno aún. Todo visto y en modo alguno aún. ¿Qué palabras para qué entonces? Ninguna para qué entonces. Sin palabras para qué cuando falten las palabras. Para qué cuando en modo alguno aún. De algún modo en modo alguno aún.


Samuel Beckett, Rumbo a peor, Lumen, Barcelona, 2001, p. 51.

[Decir es inventar], Samuel Beckett

martes, 17 de septiembre de 2013


  Sí, incluso en aquel tiempo, cuando todo empezaba ya a difuminarse, partículas y ondas, la condición del objeto era ya carecer de nombre, y a la inversa. Ahora digo esto, pero en el fondo, ¿qué puedo saber de aquella época ahora, cuando granizan sobre mí palabras glaciales de sentido y el mundo muere así, indignamente, pesadamente nombrado? Sé lo que saben las palabras y las cosas muertas, y todo ello forma una pequeña y bonita suma, con un comienzo, una mitad y un final, como en las frases bien construidas y en la larga sonata de los cadáveres. Y no tiene mucha importancia que diga esto u otra cosa. Decir es inventar. Sea falso o cierto. No inventamos nada, creemos inventar, evadirnos, cuando en realidad nos limitamos a balbucear la lección, los restos de unos deberes escolares aprendidos y olvidados, la vida sin lágrimas, tal como la lloramos.


Samuel Beckett, Molloy, Alianza, Madrid, 2012, pp. 46-47.

[Que no vengan...], Samuel Beckett

jueves, 15 de agosto de 2013
 
Nº 14 (1960), Mark Rothko

   Que no vengan a hablarme de la luna, en mi noche no hay luna, y si alguna vez hablo de las estrellas se debe a un descuido.

Samuel Beckett, Molloy, Alianza, Madrid, 2012, p. 21.

[Nada de una vez...], Samuel Beckett

lunes, 1 de julio de 2013
Lava rezumante, Bryan Lee


   Nada de una vez. Nada de una vez en el ahora sin pasado. Nada de nada de ninguna. ¿Cuándo antes las sombras peor? ¿Lo tenue antes más? ¿Cuándo si no una vez? Sin una vez el vacío sin más. Ni por asomo más. Ni menos. Sin una vez hasta que más no.
   Vuelta a rezumar prueba a empeorar los huecos. Aquellos entonces cuando en modo alguno aún. Desdecir entonces todo ya no. Nada de todo ya no. Sólo en modo alguno algún. Nada de todo ya no y en modo alguno aún. Todo allí como ahora cuando de algún modo aún. Lo tenue. El vacío. Las sombras. Sólo las palabras ya no. Rezumar ya no. Hasta rezumar otra vez y aún. De algún modo rezumar aún.


Samuel Beckett, Rumbo a peor, Lumen, Barcelona, 2001, p. 67. Traducción de Libertad Aguilera, Daniel Aguirre Oteiza, Gabriel Dols, Roberto Falcó y Miguel Marínez-Lage.