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Ayer, José Luis Torres Vitolas

martes, 5 de noviembre de 2013
Líneas caligráficas azules en azul oscuro, Jiro Yoshihara

AYER

   Él era un hombre sin peripecias. Su rostro limpio, impecable en todo momento, era el escrupuloso diario abierto de su vida.
   Solía pasar el día a poca distancia de sí mismo, revisando siempre sus propios actos de soslayo. En ocasiones muy limitadas, algún suceso repetido, demasiado cotidiano, le causaba un poco de alborozo y su boca, usualmente desparramada, se llenaba de curiosidades.
   Solo entonces se ponía a escribir. Cartas, en general. Y mientras la tinta corría como un hilo azul, se volcaba hacia el papel, hacia sus parientes, amigos, antiguas novias, todos ellos ficticios, con la única esperanza de convertirse, al fin, en un recuerdo.


José Luis Torres Vitolas, L, Albatros, Genève, 2010, p. 74.

Cuna, José Luis Torres Vitolas

jueves, 24 de octubre de 2013
Bebé (cuna), Gustav Klimt

CUNA

   Sueña. El bebé llora. Se levanta exhausta, otra vez, como hace tres horas. Le da el pecho, le cambia el pañal, lo arrulla y lo acuesta. Siempre lo dicen: los primeros meses no se duerme. Vencida, se deja caer de nuevo sobre las mantas. En la oscuridad, por instinto, estira la mano hacia su hijo. Le acaricia con suavidad, como queriendo abrigar un recuerdo hasta que, finalmente, se rinde ante el cansancio. Y toda la noche permanece así, echada en la cama, sin querer despertar, soñando feliz junto a la cuna vacía.


José Luis Torres Vitolas, L, Albatros, Genève, 2010, p. 36.

Almuerzo, José Luis Torres Vitolas

sábado, 4 de febrero de 2012
Tomate y cuchillo, Hye Coh

ALMUERZO

El minutero apremia. El hombre y el niño se marchan. Ambos se despiden de ella con un beso apurado y el abrazo de rutina. Queda el más pequeño. Toma el biberón y mira la tele. Ella se va hacia la cocina y, apenas entra, oye el llanto indómito de su hijo que la reclama. Recoge lo necesario y regresa. Se sienta en el sillón. Él se calma y le ríe con las lágrimas aún resbalando por sus mejillas. Ella le devuelve el gesto mientras coge con fuerza el cuchillo y trata, inútilmente, de matar otra mañana.


José Luis Torres Vitolas, L, Albatros, Genève, 2010, p. 19.