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[Un espejo], Charles Simic

miércoles, 6 de diciembre de 2017
Frente al espejo, Andy Goldsworthy 


Todo, por supuesto, es un espejo si lo miras el tiempo suficiente.


Charles Simic, El monstruo ama su laberinto. Cuadernos, Vaso Roto, Madrid, 2015.

[Los vecinos de la puerta de al lado], Charles Simic

viernes, 31 de julio de 2015
 Un inmigrante mira el móvil. Calais, 30/7/15, Pascal Rossignol


   «Lo perdimos todo», solía decir mi madre. Tenía razón. Todo lo que tuvimos una vez en forma de identidad y de posesiones dejó de existir. Un día éramos los vecinos de la puerta de al lado y al día siguiente chusma sin patria.


Charles Simic, El monstruo ama su laberinto. Cuadernos, Vaso Roto, Madrid, 2015, p. 80.
 

[Uno escribe...], Charles Simic

jueves, 28 de mayo de 2015
 Melancolía, Kyokichi Tanaka


   Uno escribe porque ha sido tocado por el anhelo de, y la desesperación de no poder, tocar al Otro.


Charles Simic, El monstruo ama su laberinto. Cuadernos, Vaso Roto, Madrid, 2015, p. 91.
 

El mundo, Charles Simic

lunes, 18 de agosto de 2014

EL MUNDO

A ti que me torturas
Cada día
Con tus crueles herramientas,
Estoy a punto de confesarte
Una desesperación
Más oscura que todas tus noches
Más oscuras.

Fue el día que me trajiste
La foto de una mujer
Y un niño huyendo
Por un camino con una hilera de árboles,
Después vi otra foto de ellos dos
En el suelo
Con sus cabezas ensangrentadas
En el mismo camino sinuoso.

Había un cielo sin nubes
De final de verano
Y los árboles se estremecían
Con la primera lluvia
Fueron los días en que pusimos
Toda nuestra confianza en el mundo
Sólo para ser engañados.


Charles Simic, Mil novecientos cincuenta y ocho. Antología poética, Valparaíso, Granada, 2014, p. 109.
    

Haciendo el cuervo, Charles Simic

sábado, 2 de agosto de 2014
Bosque helado, Matazō Kayama

HACIENDO EL CUERVO

¿Estás autorizado a hablar
en nombre de los árboles desnudos?
¿Eres capaz de explicar
lo que pretende el viento
con la camisa y el camisón
abandonados en la lavandería?
¿Qué sabes tú de las nubes negras?
¿Y de los estanques repletos de hojas muertas?
¿De coches antiguos oxidándose en la entrada?
¿Quién te ha dado permiso
para mirar la lata de cerveza en la cuneta?
¿Y la cruz blanca junto a la carretera?
¿El columpio en el jardín de las viudas?
Pregúntate a ti mismo si las palabras bastan
o si sería mejor agitar tus alas
de árbol en árbol
y seguir haciendo el cuervo.


                            Charles Simic
      

Temor, Charles Simic

miércoles, 18 de julio de 2012
El árbol azul, Fernando Vignoli

TEMOR

El temor pasa de hombre a hombre
sin saberlo,
como una hoja pasa su temblor
a otra.

De repente todo el árbol tiembla
y no hay ni rastro de viento.

Charles Simic



Hilario Barrero (ed.), Lengua de madera (antología de la poesía breve en inglés), La Isla de Siltolá, Sevilla, 2011, p. 265.

[Mi ángel de la guarda...], Charles Simic

sábado, 1 de octubre de 2011
Velo de oscuridad, Robert S. Lee


Mi ángel de la guarda tiene miedo a la oscuridad. Finge que no, me hace ir delante, me dice que en un momento estará conmigo. Casi enseguida no puedo ver nada. «Éste debe de ser el rincón más oscuro del cielo», alguien me susurra a la espalda. Resulta que el ángel de la guarda de ella también ha fallado. «Es un atropello», le digo a ella. «El asqueroso cobardica nos ha dejado solos», susurra ella. Y por supuesto, por lo que sabemos, yo podría tener ya cien años, y ella ser sólo una chiquilla con gafas que tiene sueño.


Charles Simic, El mundo no se acaba y otros poemas, DVD, Barcelona, 1999, p. 57.

[Historias de fantasmas...], Charles Simic

martes, 19 de mayo de 2009

Historias de fantasmas escritas en ecuaciones algebraicas. Ante la pizarra, la pequeña Emily está aterrorizada. Las X parecen un cementerio de noche. El maestro quiere que hurgue entre ellas con un trozo de tiza. Todos los niños aguantan la respiración. La tiza blanca chirría una vez entre los signos de más y menos, y luego se calla de nuevo.


Charles Simic, El mundo no se acaba y otros poemas, DVD, Barcelona, 1999.

[Las cosas...], Charles Simic

viernes, 15 de mayo de 2009

Las cosas no eran tan negras como algunos las pintaban. Había un bello niño vestido de negro y jugaba con dos manzanas negras. O era una chica vestida de chico o un chico vestido de chica. Fuera lo que fuera, tenía unos pequeños dientes blancos. El paisaje al que daba su ventana había sido oscurecido con un brochazo de pintura pesado y tosco. Todo era muy teleológico, salvo cuando el niño sacó su lengua roja.



Charles Simic, El mundo no se acaba y otros poemas, DVD, Barcelona, 1999, página 59.