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El encuentro, Juan José Arreola

viernes, 20 de julio de 2012
El laberinto, Salvador Dalí

EL ENCUENTRO

   Dos puntos que se atraen no tienen por qué elegir forzosamente la recta. Claro que es el procedimiento más corto. Pero hay quienes prefieren el infinito.
   Las gentes caen unas en brazos de otras sin detallar la aventura. Cuando mucho, avanzan en zig-zag. Pero una vez en la meta corrigen la desviación y se acoplan. Tan brusco amor es un choque, y los que así se afrontaron son devueltos al punto de partida por un efecto de culata. Demasiado proyectiles, su camino al revés los incrusta de nuevo, repasando el cañón, en un cartucho sin pólvora.
   De vez en cuando, una pareja se aparta de esta regla invariable. Su propósito es francamente lineal, y no carece de rectitud. Misteriosamente, optan por el laberinto. No pueden vivir separados. Ésta es su única certeza, y van a perderla buscándose. Cada uno de ellos comete un error y provoca el encuentro, el otro finge no darse cuenta y pasa sin saludar.


Juan José Arreola, Confabulario personal, Bruguera, Barcelona, 1980, p. 256.

La disyuntiva, Juan José Arreola

lunes, 24 de octubre de 2011
Luna acuática, Kota Neelima


LA DISYUNTIVA
Homenaje a Sören Kierkegaard

El error está en decidirse. No le diga usted ni sí ni no. Empuñe resueltamente los dos extremos del dilema como las varas de una carretilla y empuje sin más con ella hacia el abismo. Cuidando, claro, de no irse otra vez como la soga tras el caldero.
No la oiga gritar. Recobre inmediatamente el equilibrio entre temor y temblor. Recuerde que la cuerda es floja y que usted irá por la vida ya para siempre en monociclo.
La rueda de este vehículo intelectual puede ser una pieza de queso parmesano o la imagen de la luna sobre el agua, según temperamento.


Juan José Arreola, Palindroma, Joaquín Mortiz, México D.F., 1974 (1971), p. 63.

Armisticio, Juan José Arreola

sábado, 26 de marzo de 2011
Castillo en ruinas, Arnold Böcklin

ARMISTICIO

Con fecha de hoy retiro de tu vida mis tropas de ocupación. Me desentiendo de todos los invasores en cuerpo y alma. Nos veremos las caras en la tierra de nadie. Allí donde un ángel señala invitándonos a entrar: Se alquila paraíso en ruinas.


Juan José Arreola, Bestiario, Editorial Joaquín Mortiz, México D. F., 1975 (1959), página 80.