Blanco sobre blanco, Kazimir Malévich
Siempre la habían llamado loca por su afán de habitar los cuadros. Justo después de la explosión de gas que provocó el derrumbe del edificio, los vecinos contaron a las televisiones los detalles de su obsesión. Tras pretener vivir en el pájaro de Miró, en la manzana de Cezanne, entre las faldas de Murillo, en los tejados de Chagall y en los lirios de Van Gogh, últimamente decía que quería morir en el blanco de Malévich.
Carmen Ruiz Fleta

