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Cuando llegue el invierno, José Manuel Caballero Bonald

martes, 26 de mayo de 2009


CUANDO LLEGUE EL INVIERNO

Cuando llegue el invierno y traiga hasta la casa
sus maderas inertes y su piel de aluminio,
¿qué será de esta luz, que será de esta sombra,
de estas áureas ventanas litorales
que apenas dejan ver lo que no tuve nunca?

Entre un silbo baldío y unas nubes
violáceas volverán a avivarse
esos vientos nocturnos
que acaban dispersando los residuos del tiempo
y en las hoscas paredes vespertinas
pronunciará la lluvia su triste veredicto.

Se abrirán bruscamente los boquetes del aire
y ya será el recuerdo un carbón apagado.
Cuando llegue el invierno
apenas veré ya lo que no tuve nunca.



José Manuel Caballero Bonald, La noche no tiene paredes, Seix Barral, Barcelona, 2009, página 95.

Pérdida de tiempo, José Manuel Caballero Bonald

miércoles, 13 de mayo de 2009


PÉRDIDA DE TIEMPO

En la palabra tiempo anida
una gran ave blanca, una consecutiva
privación de pretéritos
y ciertos excedentes de la fugacidad.

En la palabra tiempo se intercalan
otras palabras de su misma estirpe:
el lento mar perpetuo y su inconmensurable
usura, el azar siempre errático
y el sideral boquete de la luz.

La única estrategia que puede más que el tiempo
es conseguir perderlo impunemente.




José Manuel Caballero Bonald, La noche no tiene paredes, Seix Barral, Barcelona, 2009, página 76.

Los relojes cotejan con el tiempo, José Manuel Caballero Bonald

viernes, 8 de mayo de 2009


LOS RELOJES COTEJAN CON EL TIEMPO

Los relojes cotejan con el tiempo
sus posibilidades de supervivencia.
Al fondo, aguas abajo, pasan
los días como alas, las horas
como hojas, dejan
una herrumbre tenaz por detrás del recuerdo.

Qué obstinación la de esas lacerantes
ráfagas de los días, cuando
los relojes cotejan con el tiempo
sus posibilidades de supervivencia
y la vida se opone incautamente
a seguir esperando que llegue el porvenir.

(Horloge! dieu sinistre...
____________Baudelaire)


José Manuel Caballero Bonald, La noche no tiene paredes, Seix Barral, Barcelona, 2009, página 34.