Mostrando entradas con la etiqueta Miguel Florián. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Miguel Florián. Mostrar todas las entradas

Golondrinas, Miguel Florián

domingo, 28 de febrero de 2010

GOLONDRINAS

Observan cómo trazo los signos.
(Escapa una, y de nuevo regresa.)
Se escucha el chapoteo
de niños en el agua, y la tos del anciano.

La dureza del tiempo, el aroma secreto
del limón. La plenitud redonda de la tarde.

Las golondrinas persisten, ingraves,
sobre el cable invisible del teléfono.





Miguel Florián, Habitación 328 y otros poemas, Visor, Madrid, 2001, página 21.

Anillos, Miguel Florián

sábado, 20 de febrero de 2010
ANILLOS

La fiebre de los astros, la sed de los insectos,
las líneas de los cuerpos (de la mujer, del hombre),
el clamor de la nieve en el almendro, la tristeza
del viento, el envés metálico de los álamos,
y el llanto de la leña que se abre vencida
por la llama, la luz pura, inicial, de la tormenta
(el grito oscuro y roto de la urraca), la mano
que cumple la quietud de la piedra (el liquen
áspero, azul, verdoso, cárdeno...), la lentitud
del mundo, el vaho en el cristal, los tibios
barcos en la avidez primera de los labios,
y los genios petrificados de la infancia
que aún perduran bajo la pátina del tiempo.

El horizonte inerte, abierto, de la sangre,
la viscosa simetría del barro,
y la pupila atónita al fondo del espejo.



Miguel Florián, Habitación 328 y otros poemas, Visor, Madrid, 2001, página 61.

[En su corazón...], Miguel Florián

sábado, 13 de febrero de 2010

En su corazón se ha detenido un pájaro,
en el centro de su corazón, en la roja
pulpa que madura en su sangre, un pájaro
se detuvo en medio del desorden.

Y se internó en su cuerpo.

Un pájaro encendido hirió su corazón,
un pájaro idéntico al destino.




Miguel Florián, Habitación 328 y otros poemas, Visor, Madrid, 2001, página 57.