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[Cada vida es muchos días...], James Joyce

jueves, 16 de junio de 2016
Robert and Shana Parkeharrison


   Cada vida es muchos días, día tras día. Andamos por nosotros mismos, encontrándonos con ladrones, espectros, gigantes, ancianos, jóvenes, esposas, viudas, cuñados-en-el-amor, pero siempre encontrándonos con nosotros mismos. 
   [...]
   La vida es muchos días. Éste se acabará.



James Joyce, Ulises, Cátedra, Madrid, 2004, pp. 244, 246.
 

[Todo lo que una mano...], James Joyce

jueves, 31 de marzo de 2016


Sueños #5, Joanna Borowiec


Todo lo que una mano dice cuando la tocas.


James Joyce, Ulises, Cátedra, Madrid, 2004.
 

[La tierra caía], James Joyce

viernes, 6 de septiembre de 2013
Vida y muerte, Gustav Klimt


   Si todos fuéramos repentinamente alguien distinto.
   En la lejanía un burro rebuznó. Lluvia. No hay ningún asno. Nunca se ve uno muerto, dicen. Avergonzados de mo­rir. Se ocultan. También el pobre papá se fue.
   Un dulce viento suave sopló por entre las cabezas descu­biertas como un susurro. Susurro. El chico a la cabecera de la sepultura sostenía la corona con las dos manos, la mirada si­lenciosamente clavada en el negro espacio abierto. Mr. Bloom se colocó detrás del robusto y amable gerente. Levita de buen corte. Sopesándolos quizá para ver quién será el próxi­mo. Bueno, es un largo descanso. No sentir más. Es el mo­mento lo que sientes. Debe de ser jodidamente desagradable. No se lo podrá uno creer al principio. Un error debe ser: otra persona. Prueba en la casa de enfrente. Espera, yo quería. No he podido todavía. Luego la cámara mortuoria oscurecida. Luz necesitan. Cuchicheando a tu alrededor. ¿Te gustaría ver a un sacerdote? Luego fantaseando y desvariando. Delirio todo lo que ocultaste toda la vida. La lucha con la muerte. Su sueño no es natural. Presiónale el párpado inferior. Obser­van si tiene la nariz en punta si tiene la mandíbula caída si tiene las plantas de los pies amarillas. Quítale la almohada y dejemos que acabe de una vez en el suelo puesto que está perdido. El diablo en aquel cuadro de la muerte de un peca­dor mostrándole una mujer. En camisón muriéndose de ga­nas de abrazarla. El último acto de Lucía. ¿No podré contem­plarte nunca más? ¡Bam! Expira. Se fue por fin. La gente habla de ti durante algún tiempo: te olvidan. No olvides rezar por él. Recuérdale en tus oraciones. Incluso a Parnell. El Día de la Hiedra está desapareciendo. Luego te siguen: caen en un agujero, uno tras otro.
   (…) 
   La tierra caía más suavemente. Empiezas a ser olvidado.


James Joyce, Ulises, Cátedra, Madrid, 2004, pp. 126-127.