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[Para que se cuenten], Belén Gopegui

domingo, 8 de marzo de 2020
Mujer leyendo una cartaJohannes Vermeer


Hay cientos de miles de vidas de mujeres que no sólo merecen ser contadas, sino por las que hemos de luchar para que se cuenten, porque ganarle la pelea a las estructuras depende también de las historias que tengamos. A ver, no es que sería bonito o interesante que se contaran, es que las necesitamos para entender lo que nos está pasando. Sabemos bien que no todo en ellas fue perfecto. Hubo errores, muchos causados por esa vida pública que se entromete en el clima personal, y otros por la obcecada y casi infinita capacidad humana de equivocarnos. Sea como sea, queremos conocer.


Belén Gopegui, Ella pisó la Luna. Ellas pisaron la Luna, Literatura Random House, Barcelona, 2019.

[No hay un solo camino...], Belén Gopegui

jueves, 15 de noviembre de 2018
Flotar, Emily Schiffer


No hay un solo camino para entrar en los sueños de los demás.


Belén Gopegui, Quédate este día y esta noche conmigo, Penguin Random House, Barcelona, 2017.

[¿Qué dicen los seres humanos...?], Belén Gopegui

martes, 23 de enero de 2018
Un sueño para el invierno, Monika K. Adler 


¿Qué dicen los seres humanos, Google, cuando dicen "yo"? ¿Quién les dio sus recuerdos? Nadie gobierna sus naves. Hojas mecidas por el viento, el rumor de la sangre, el latido, el golpe de la ola, lamer la arena e irse una y otra vez.


Belén Gopegui, Quédate este día y esta noche conmigo, Penguin Random House, Barcelona, 2017.

[Si al menos hubiera vivido antes...], Belén Gopegui

lunes, 27 de noviembre de 2017
Anna Marcell


Si al menos hubiera vivido antes. Ya sabes, vivir, no sobrevivir. Esto es lo que no entiendo, Olga. Es por lo que odio a Google. No quiero chips en mi cafetera ni webs que registren mi nivel de estrés, quiero que funcionen unas pocas cosas importantes.


Belén Gopegui, Quédate este día y esta noche conmigo, Random House, Barcelona, 2017.

[Hay una parte...], Belén Gopegui

miércoles, 22 de noviembre de 2017
Rudolf Lendel


Hay una parte donde nunca nos abrazan. Aunque nos quieran muchísimo. Esa parte está ahí, esa pena. Y nadie llega a tocarla nunca.


Belén Gopegui, Deseo de ser punk, Anagrama, Barcelona, 2009.

[Dónde empieza y dónde termina], Belén Gopegui

lunes, 13 de noviembre de 2017
Mano abierta, Keith Carter 


Todos esos textos que creen que basta con el sacrificio individual y la competencia, deforman la función de utilidad del yo. No es lo mismo medir la satisfacción obtenida por quien consume cierta cantidad de bienes, que medir el sentido de una vida. Para la mayoría de las personas su función de utilidad rompe los límites, algunas hacen cosas como ocuparse de los árboles, otras procuran dejar los lugares que pisan mejor, o al menos no peor, que como los encontraron. Tienes razón, Mateo: no es fácil decir dónde empieza y dónde termina un ser.

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Belén Gopegui, Quédate este día y esta noche conmigo, Random House, Barcelona, 2017.
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[Candil de nieve], Belén Gopegui

sábado, 23 de abril de 2016
Fuego y hielo, Mark Williams


    Aunque los conciertos sean dulces o salvajes o divertidos o movilizadores, o todo a la vez, lo que nos está pasando empieza y termina más allá de cualquier espacio que clausure el afuera cuando suena la música. Nos pasa a la intemperie. Es en la intemperie donde nos escucho decir: candil de nieve. Cantamos de lo que aún no se entiende pero nos hace latir el corazón.


Belén Gopegui, El comité de la noche, Literatura Random House, Barcelona, 2014, p. 17.

[Cuando llegue el invierno], Belén Gopegui

lunes, 4 de enero de 2016
Atardecer nevado, Suren Manvelyan


   Yo miro a los que siguen, Félix, y pienso que no me iré nunca. A veces sueño despierto que semana tras semana acabaremos encontrándoles. A los que se cansaron, a los que desistieron pero siguen. Luego vuelvo a la tierra y recuerdo lo que dijo Elo: "Cuando llegue el invierno va a ser difícil mantener los cultivos con vida." 
   Verás, Félix, antes de empezar, de lo que yo llamo empezar, ya te digo: reunirse, organizarse, todas estas cosas. Bueno, el caso es que antes yo habría puesto el punto final en la frase de Elo, conmovido con la tristeza que encierra. Pero fíjate, estar con gente como tú me ha hecho confiado. No, ingenuo no, he dicho confiado. Confío en nosotros. Por ejemplo pienso que nosotros no somos los cultivos, no somos tan frágiles; cuando llegue el invierno, seguiremos.


Belén Gopegui, El padre de Blancanieves, Anagrama, Barcelona, 2007, p. 282.

[La otra mitad], Belén Gopegui

miércoles, 16 de diciembre de 2015
22.1.2000 (Firenze), Gerhard Richter
 
 
   Verán, yo pienso que la novela del siglo XX, casi toda ella, es de una gran inverosimilitud. Y creo que la causa está relacionada con la prohibición de la política. No digo que la novela del siglo XX sea mala, pero es insuficiente. Como si hablase de un mundo donde todas las personas tienen un solo brazo y una sola pierna y un solo ojo y media nariz y donde los cristales no se rompen al caer. La novela cuenta cosas interesantes y a veces bellas o tristes o serenas sobre ese mundo, pero uno sabe que algo falla, que no están hablándole del mundo donde uno vive, y uno quiere conocer lo que le ocurre al otro ojo, a la media nariz, al otro brazo, a la otra pierna y también, dónde están los cristales que sí se rompen y qué pasa con ellos. No me creo el mundo de la mayoría de las novelas del siglo XX, no me lo creo en absoluto, aunque nadie conseguirá que diga que no me importa. Claro que me importa, claro que me interesa que las novelas me hablen de la mirada y del medio corazón y de copas que flotan en el aire. Lo que reclamo es la otra mitad. Quiero también lo que me falta.


Belén Gopegui, Un pistoletazo en medio de un concierto. Acerca de escribir de política en una novela, Editorial Complutense, Madrid, 2008, p. 28.
 

[Pero hagámoslo pronto], Belén Gopegui

martes, 29 de septiembre de 2015
 Francesca Basler


   Hemos visto lo que se nos venía encima, vivir peor haciendo cosas estúpidas y perjudiciales porque nos lo imponían, por sometimiento. Demos la vuelta a eso. Ahora. Ya ha pasado el tiempo de creer que no hay salida. Produzcamos, aunque sea dos bombillas, tres gramos de pasta de algas, ya pensaremos qué, pero hagámoslo pronto. En el camino podremos aprender algo sobre cómo producir, también, otro horizonte.


Belén Gopegui, El padre de Blancanieves, Anagrama, Barcelona, 2007, p. 19.

[La angustia], Belén Gopegui

jueves, 20 de agosto de 2015
 Oxímoron, Pejac


   Le contó que al principio se había sentido dolido no por su marcha sino por el hecho de que ella no hubiera compartido su angustia con él. Luego había pensado que la angustia no permite a veces elegir con quién compartirla. 


Belén Gopegui, El padre de Blancanieves, Anagrama, Barcelona, 2007, p. 150.
  

[Dejar de ser...], Belén Gopegui

jueves, 13 de agosto de 2015
Joven con bufanda roja, Léon Spilliaert


   Dejar de ser rápido, dices del novio de tu madre. No sé si se puede dejar de ser nada, por ejemplo ese cliente, dejar de ser cretino: no lo sé. Dejar alguien de ser un solitario, tampoco sé. Si se pudiera dejar de ser cosas tengo la sensación de que el tiempo nos parecería más benigno.


Belén Gopegui, El padre de Blancanieves, Anagrama, Barcelona, 2007, pp. 162.
  

[La referencia], Belén Gopegui

miércoles, 29 de julio de 2015
 Quiebro, Pejac


   ¿Por qué? ¿Por qué la referencia tiene que ser la perfección y no la vida? La perfección puede ser una posibilidad más, un dato más, pero no la referencia. [...] Tendríamos que tropezarnos, Félix, para ir más despacio, para recordar que tropezarse forma parte de nuestra vida. O que la distancia más corta entre dos puntos sólo produce líneas rectas, y hay otras.


Belén Gopegui, El padre de Blancanieves, Anagrama, Barcelona, 2007, pp. 147-148.
 

[Con el mañana dentro], Belén Gopegui

lunes, 20 de julio de 2015
 Alas, Akiko Suzuki


   Estuviste conmigo ochenta y tres días con sus noches. Decías que en el amor el mañana no existe. Te fuiste para buscarlo. No sabías que hemos nacido con el mañana dentro.


Belén Gopegui, El padre de Blancanieves, Debolsillo, Barcelona, 2015, p. 38.
 

[Porque no todo se posee], Belén Gopegui

domingo, 18 de enero de 2015
Sophie LéCuyer


   Sé que incluso dentro de la pantalla hay caminos y tierras de nadie, zonas del país de ninguna parte que no pueden retener los servidores propiedad de una empresa. Porque no todo se posee, ni se retiene, las palabras significan, las personas a veces no aceptan. Aunque alguien tenga la plataforma, los caracteres o tu fuerza de trabajo, de repente te niegas, de repente te mueres, de repente las palabras que habías colgado y no eran más que un chiste y dos frases le saltan encima y le arañan la cara. Me separo para tomar aliento, para volver más fuerte aunque haya un riesgo pues, en las palabras, podemos desaparecer.


Belén Gopegui, El comité de la noche, Literatura Random House, Barcelona, 2014, p. 23.
 

[A diferencia de los erizos], Belén Gopegui

jueves, 8 de enero de 2015
 Leandro, Anselm Kiefer


   Cuentan, es sabido, que en los días gélidos los erizos sienten la necesidad de juntarse para darse calor y no morir. Cuando se aproximan mucho, las púas de los otros erizos les causan dolor. Sin embargo, alejarse comporta un frío insoportable.
   A diferencia de los erizos, nos acercamos no sólo a otros erizos sino a la causa de estos días helados. El peligro y la moderación nos mantienen a una distancia adecuada para subsistir. Pero, a veces, nos seguimos acercando.


Belén Gopegui, El comité de la noche, Literatura Random House, Barcelona, 2014, p.11.
  
  

[Cerrar los ojos...], Belén Gopegui

viernes, 20 de enero de 2012
Habitación junto al mar, Edward Hopper


Cerrar los ojos, inclinar el cuello hacia la oreja aterciopelada de un sillón y descansar. Apaciguarse. Huir, pero no por un torbellino de kilómetros y hoteles, ni tampoco juntarse en una ceremonia de bares y cervezas para trasvasarle mi cansancio a otro. Huir, pero no a mi apartamento durante un lapso de tiempo necesariamente vulnerable a las obsesiones, al pasado y sus fantasmas. Firmar una tregua, despertar a un intermedio durante el cual no hubiese anuncios ni palomitas, que no sucediera en parte alguna: ni el bar, ni en la calle, ni en el metro: un entreacto desviado del curso de las cosas. Huir. Descansar en un cuarto fuera de este mundo.


Belén Gopegui, La escala de los mapas, Anagrama, Barcelona, 2009 (1993), pp. 51-52.

[Un experimento...], Belén Gopegui

lunes, 29 de noviembre de 2010
Un experimento consiste en provocar cierto fenómeno para estudiarlo, y ustedes se preguntarán cómo se puede provocar un hueco. También Brezo me lo preguntó. Supón, le dije, que hoy te anuncian el regreso de un viejo amigo a quien ya juzgabas irrecuperable en la distancia de otro continente. Son las ocho de la tarde, tú sales a la calle fantaseando con el encuentro, es tan incontenible tu alegría que andas riéndote en voz baja, porque en un segundo has visto tu pasado con esa persona y el futuro, la dicha de la proximidad. Subes a un autobús enumerando los sitios donde piensas llevarle, tu brazo en alto se aferra a la barra sucia, un individuo de cogote grueso te empuja contra el pecho opulento de una mujer, ella hace ostensibles gestos de molestia pero tú los ignoras, concentrada en la escena que imaginas, palpitas de puro júbilo, como si ya sintieras en tus costillas la presión del primer saludo. Mas he aquí que era todo una falsa alarma. Quien te anunció que tu amigo volvía se había confundido en la fecha o en el nombre. «Qué chasco», comentarían algunos. «Qué hueco», diría Sergio Prim. ¿Dónde estabas tú mientras planeabas el encuentro? Si contestas «en un autobús», ¿no pecas, cuando menos, de imprecisión? ¿De qué sustancia se compone, en qué lugar se ubica esa emoción que fue tuya: cuarenta y cinco minutos de felicidad concreta motivados por un acontecer ilusorio? El chasco, bien que fulminante, sucede a posteriori: afecta sólo al último minuto, no puede borrar los otros cuarenta y cuatro minutos pasados al margen de su jurisdicción. En cambio, ese espacio de tiempo contrario a la realidad de quién es, Brezo, Brezo, ¿a qué categoría pertenece?



Belén Gopegui, La escala de los mapas, Anagrama, Barcelona, 2009 (1993), pp. 109-110.