Mostrando entradas con la etiqueta Thomas Bernhard. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Thomas Bernhard. Mostrar todas las entradas

[Qué difícil me resulta una palabra...], Thomas Bernhard

domingo, 21 de febrero de 2016
 Paisaje abstracto, Randall Talbot


Qué difícil me resulta una palabra 
para los degenerados 
que no saben distinguir un sueño 
de las duras ramas del peral. 

Qué difícil me resulta una palabra 
en esta carretera polvorienta 
más hostil a mi calzado 
que el sol a la nieve 
y el agua al desierto. 

Qué difícil me resulta una palabra 
a mi padre y mi madre, 
qué difícil me resulta una palabra
a todos los que me ven, envejeciendo 
en un otoño acuchillado. 

Qué difícil me resulta una palabra 
en estos días que son desmemoriados. 
Qué difícil me resulta una palabra.


Thomas Bernhard, In hora mortis / Bajo el hierro de la luna, DVD Ediciones, Barcelona, 2000 (1998), pp. 130-131.
  

[A pesar de todo, un árbol], Thomas Bernhard

jueves, 11 de febrero de 2016
Anselm Kiefer


  «El esfuerzo trepa por la decepción», dijo. Lo mismo que una cosa ocurría de forma espléndida, ocurría otra de forma brutal, más brutal todavía que la antes ocurrida. «De todas formas, los que llegan arriba descubren que no hay arriba. [...]» Entonces se había aferrado sólo a sí mismo, «como se aferra uno a un árbol que también está podrido, pero es, a pesar de todo, un árbol».


Thomas Bernhard, Helada, Alianza, Madrid, 2014, pp. 27-28.
 

[Como en el bosque], Thomas Bernhard

lunes, 31 de agosto de 2015
Ellen Jantzen


    En la vida era como en el bosque, donde, una y otra vez, se encontraba algún indicador y alguna señal, hasta que de pronto no aparecía ya ninguno, ninguna. Y el bosque era interminable pero el hambre tenía fin con la muerte.


Thomas Bernhard, Helada, Alianza, Madrid, 2014, pp. 100-101.
  

[Se arranca las palabras...], Thomas Bernhard

miércoles, 19 de agosto de 2015
 Sangre en lágrimas, Nacho Frades


   Se arranca las palabras de sí mismo como de un terreno pantanoso. Al arrancarse las palabras se desgarra hasta hacerse sangre.


Thomas Bernhard, Helada, Alianza, Madrid, 2014, p. 172.
   

[Lo insoportable], Thomas Bernhard

jueves, 16 de abril de 2015
Noche, Edvard Munch


Cuando estábamos ya muy dentro de la cañada, decidimos dar la vuelta. Había pasado una noche de dolores, dijo el pintor. «Siempre que intento aliviar mis dolores se hacen mucho peores aún. La verdad es que, en el fondo, no existe lo insportable», dijo, «porque lo insoportable tendría que ser la muerte, y la muerte, sin embargo, no es insoportable. Comprende usted».


Thomas Bernhard, Helada, Alianza, Madrid, 2014, p. 292.

[El peón caminero...], Thomas Bernhard

domingo, 24 de febrero de 2013
Vía hacia ninguna parte, Todor Licheff


   El peón caminero, que durante diecisiete años ha realizado su trabajo a satisfacción de sus superiores y, con sus ahorros, se ha construido una casita bajo el terraplén del ferrocarril, descubre, al volver a casa por la estación de mercancías, un vagón frigorífico abierto, dentro del cual cuelgan cerdos sacrificados. Como ninguno de los aduaneros que normalmente rodean el vagón anda por allí, sube a él, curioso, para comprobar personalmente el frío que hace dentro del vagón. Se sienta en una tabla colocada en el suelo y se duerme. Como está sentado en un rincón que los aduaneros no pueden ver, éstos no lo descubren, y sellan la puerta, al haber hecho ya su control antes de subir el peón caminero. Cuatro días más tarde encuentran al peón caminero muerto en la estación de destino, en medio de cadáveres de cerdos y sentado sobre la tabla. Al principio, los que lo encuentran creen que ha muerto de frío; sin embargo, luego descubren que el hombre, que lleva sólo su traje de trabajo y del que, en consecuencia, no se sabe quién es, no ha podido morir de frío porque la instalación frigorífica del vagón se ha estropeado y, como se ve al examinarla más de cerca, la carne de cerdo se ha podrido y no puede consumirse. Los hombres que transportan provisionalmente al muerto por la rampa de descarga suponen que ha muerto de un ataque provocado por el miedo a no poder salir y tener que morirse de frío.


Thomas Bernhard, Acontecimientos y relatos, Alianza, Madrid, 1997, pp. 37-38.

Pisa y Venecia, Thomas Bernhard

jueves, 22 de septiembre de 2011
Paisaje con la torre de Pisa, Alexander Gorenstein

PISA Y VENECIA

Los alcaldes de Pisa y Venecia se pusieron de acuerdo para contrariar de súbito a los visitantes de sus ciudades, que durante siglos se han sentido por igual encantados, tanto de Pisa como de Venecia, haciendo trasladar y erigir, en secreto y de la noche a la mañana, la Torre de Pisa en Venecia y el Campanile de Venecia en Pisa. Sin embargo, no pudieron mantener secreto su propósito y, la noche misma en que querían transportar la Torre de Pisa a Venecia y el campanile de Venecia a Pisa, fueron internados en un manicomio, como es natural el alcalde de Pisa en el manicomio de Pisa y el alcalde de Venecia en el manicomio de Venecia. Las autoridades italianas supieron llevar el asunto con toda discreción.


Thomas Bernhard, El imitador de voces, Alfaguara, Madrid, 1984 (1978), p 14.