Cupido, Ginés S. Cutillas

martes, 14 de febrero de 2012

CUPIDO

Los cinco divorciados lo sorprenden defecando y lo rodean para impedir que huya otra vez. Él, aterrado, avergonzado por la situación, no acierta a mostrar resistencia. Los hombres, entre risas, untan sus heces en el ridículo trapo que lleva para taparse las partes púdicas y se lo meten en la boca. A continuación, sacan una por una las flechas del carcaj y se las van clavando en zonas de su cuerpo no vitales: las dos primeras le clavan los pies al suelo, otra atraviesa el brazo derecho, otra el izquierdo; una flecha cruza de lado a lado los músculos de la pierna derecha, otra los de la izquierda; una más le atraviesa las mejillas, dos más pasan por debajo de las clavículas... Ajeno a su edad, llora como un niño: sabe que esta vez será la definitiva. El hombre más flaco le rocía las alas con gasolina, el de las gafas le aplica una cerilla. Ahora sí que grita, y parte de las heces le resbalan por la barbilla. Es el hombre más grande, quizá por pena, quizá por asco, quien se apiada de él y cogiendo el arco con presteza en mitad del furor de la escena, le revienta la cabeza de un certero saetazo. El cuerpo sin vida se cimbrea hacia delante, sin derrumbarse. El crepitar de las alas y el olor nauseabundo que desprenden lo envuelve todo. Cuando dejan de jadear como perros de presa, el pelirrojo intenta justificar la barbarie que acaban de cometer alegando en voz baja que así no lo volverá a hacer. Los otros, sin aguantarle la mirada, le dan la razón.


[No dejarse impresionar...], Julio Ramón Ribeyro

lunes, 13 de febrero de 2012
Autorretrato como un talón, Jean-Michel Basquiat


No dejarse impresionar, gobernar, por lo pasajero. Tratar de que toda determinación esté inspirada por lo esencial. Tratar en consecuencia de saber que es lo esencial. Tratar en consecuencia de ejercitar la razón. Tratar en consecuencia de no tomar en cuenta los sentimientos, porque no son duraderos ni razonables. Tratar en consecuencia de ser inhumano.


Julio Ramón Ribeyro, Prosas apátridas, Seix Barral, Barcelona, 2007, pp. 138-139.

Vivir tiene momentos..., Jorge Riechmann

viernes, 10 de febrero de 2012

VIVIR TIENE MOVIMIENTOS QUE NO SIEMPRE SE ACUERDAN CON LOS DE NUESTRO CORAZÓN. ES MENESTER APRENDER NO LA RESIGNACIÓN, SINO UNA PACIENCIA ACTIVA CAPAZ DEL RESPETO POR EL RITMO ADVERSO COMO CONDICIÓN PARA TRANSFORMARLO

Una rendija de luz para desayunarnos hoy, porque la jornada será ardua. Parece que los verdugos andan preparando un nuevo paraíso. Que nuestra insurrección no dependa de la posibilidad de victoria (la generosidad, como el niño de Charleville decía del amor, aún hay que inventarla). Si el fulgurante punto de lo incondicional se asoma fuera del corazón —donde aún puede dar forma a esa modalidad de salud que es la esperanza—, inmediatamente envenena el cuerpo entero.

Somos débiles y somos invulnerables.



Jorge Riechmann, Futuralgia (Poesía reunida 1979-2000), Calambur, Madrid, 2011, p. 157.

El peso, Roger Wolfe

jueves, 9 de febrero de 2012
EL PESO

Es esta condenada
impotencia.
Esta ausencia
hasta de rabia.
Este peso.
Sí, este peso:
como un frasco
de aspirinas
en un estómago
vacío.
Cristales de aspirina, Spike Walker


Roger Wolfe, Máquina de sueños, Ateneo Obrero, Gijón, 1991.

Almuerzo, José Luis Torres Vitolas

sábado, 4 de febrero de 2012
Tomate y cuchillo, Hye Coh

ALMUERZO

El minutero apremia. El hombre y el niño se marchan. Ambos se despiden de ella con un beso apurado y el abrazo de rutina. Queda el más pequeño. Toma el biberón y mira la tele. Ella se va hacia la cocina y, apenas entra, oye el llanto indómito de su hijo que la reclama. Recoge lo necesario y regresa. Se sienta en el sillón. Él se calma y le ríe con las lágrimas aún resbalando por sus mejillas. Ella le devuelve el gesto mientras coge con fuerza el cuchillo y trata, inútilmente, de matar otra mañana.


José Luis Torres Vitolas, L, Albatros, Genève, 2010, p. 19.

[Duro es volverse...], Kiorai

viernes, 3 de febrero de 2012




Duro es volverse
a la luna creciente
con este frío.


Kiorai



La obra maestra o Misterios del horizonte, René Magritte



Antonio Cabezas (ed.), Jaikus inmortales, Hiperión, Madrid, 1983.

Discurso en el depósito de objetos perdidos, Wisława Szymborska

jueves, 2 de febrero de 2012
Yonkers, Edward Hopper


DISCURSO EN EL DEPÓSITO DE OBJETOS PERDIDOS

Perdí algunas diosas en el camino de sur a norte,
y también muchos dioses en el camino de este a oeste.
Se me apagaron para siempre un par de estrellas, ábrete cielo.
Se me hundió en el mar una isla, otra.
Ni siquiera sé exactamente dónde dejé las garras,
quién trae mi piel, quién vive en mi concha.
Mis hermanos murieron cuando me arrastré a la orilla
y sólo algún huesito celebra en mí ese aniversario.
Salté de mi pellejo, perdí vértebras y piernas,
me alejé de mis sentidos muchísimas veces.
Desde hace mucho cerré mi tercer ojo ante todo esto,
me despedí de todo con la aleta, me encogí de ramas.

Se esfumó, se perdió, se dispersó a los cuatro vientos.
Yo misma me sorprendo de mí misma, de lo poco que quedó de mí:
un individuo aislado, del género humano por ahora,
que sólo perdió su paraguas ayer en el tranvía.

Wisława Szymborska


Traducción: Gerardo Beltrán