[Ninguna percepción...], Carlos Skliar

viernes, 21 de junio de 2013
Kamaitachi #8, Eikoh Hosoe


   Ninguna percepción es recíproca. La mirada hacia la lluvia no es la lluvia que nos mira. La piel que tocamos casi nunca es la piel que suplica ser tocada. Un sonido no espera ser escuchado. El margen no sabe que es el margen. Hacer equivaler las percepciones es reducir el cuerpo a unos pocos encierros y desplantes. Esto es lo primero que aprende el niño. Esto es lo que tan rápido el adulto ignora.


Carlos Skliar, No tienen prisa las palabras, Candaya, Barcelona, 2012, p. 13.

[Repta hinchado...], Takano Mutsuo

jueves, 20 de junio de 2013
La furia del tsunami, Koichiro Tezuka


Repta hinchado,
rapta y arranca
el gran tsunami.


                                                 Takano Mutsuo

 
                                                                            Traducción: K. Takagi

[No siempre uno...], Adolfo Bioy Casares

miércoles, 19 de junio de 2013
Ondas de sonido, Sebastian Eriksson


—No siempre uno puede ser leal. Nuestro pasado, por lo común, es una vergüenza, y no puede uno ser leal con el pasado a costa de ser desleal con el presente. Quiero decirte que no hay peor calamidad que un hombre que no escucha su propio juicio.


Adolfo Bioy Casares, El sueño de los héroes, Alianza, Madrid, 1999.

Un reencuentro, José María Merino

martes, 18 de junio de 2013
Sín título, Mr. Wood (dusty_trasher)

UN REENCUENTRO

   Al fin, tras muchos años de búsqueda, volvió a encontrar el lugar en aquel valle deshabitado de la montaña. La vegetación formaba una maraña que hacía muy difícil el acceso, pero al cabo de un rato pudo reconocer el pequeño montículo desde el que a Eva le gustaba contemplar el atardecer, y el prado donde Caín y Abel jugaban de niños. Sintió mucha melancolía y se sentó sobre un tronco caído. De repente, un cuervo enorme alzó el vuelo cerca de él, y en su graznido retumbante le pareció escuchar: Nunca más.


José María Merino, El libro de las horas contadas, Alfaguara, Madrid, 2011.

Políglota, Araceli Esteves

lunes, 17 de junio de 2013
Abrazo, Agnes Cecile

POLÍGLOTA

   Siempre lloro en catalán, las lágrimas se desprenden mejor en esa lengua. Estornudar y toser lo hago en vasco, no consigo constiparme en ningún otro idioma. Lo de rascar me sale mejor en castellano, si lo intento en otro idioma el picor no cesa. Dormir, duermo en alemán, con el pijama limpio y siempre a la misma hora. Aunque los sueños siempre me salen en italiano, en blanco y negro y en el neorrealismo más puro. Ronco en checo, mastico en portugués y me peino y depilo en francés, el mismo idioma con el que me pinto las uñas. Pero amar, ya lo habrás notado, eso siempre en Morse.



Manuel Espada & Rosana Alonso (ed.), De antología, Talentura, Madrid, 2013, p. 179.

Per especulum et in enigmate, Rafael Sánchez Ferlosio

jueves, 13 de junio de 2013

Observar, Hossein Zare



(Per especulum et in enigmate.)

Todo ya se me va antojando tan imaginario, que nada puede perder siendo fingido, como nada puede ganar siendo real.



Rafael Sánchez Ferlosio, Vendrán más años malos y nos harán más ciegos, Destino, Barcelona, 1993.

[Como dijo no sé quién...], Sergio del Molino

lunes, 10 de junio de 2013
Direcciones, Dariusz Klimczak
 
 
   Como dijo no sé quién (puede que fuera Mafalda, la gran apócrifa), lo urgente nunca deja tiempo para lo importante. Siempre se expresa este tópico como queja o disculpa, pero yo lo siento como una ley física, un axioma que permite que el mundo siga funcionando. Si lo urgente nos dejara atender alguna vez lo importante, moriríamos saturados de intensidad. Por eso, los poetas y los filósofos implosionan. Por eso al hidalgo se le secaron los sesos. Porque lo urgente es todo aquello que nos permite desentendernos y seguir vivos. Somos nuestras tareas. Somos los platos sucios, los artículos por escribir, las casas por barrer, los polvos por echar y los recados por cumplir. Somos los plazos de nuestra hipoteca, la declaración de la renta y la llamada al fontanero para que repare la caldera. Somos lo urgente. Sin ello, quedamos reducidos a pura carcasa conceptual, a un cuerpo que pide ser guillotinado por un Robespierre enloquecido.
   Escribió Umbral que apreciaba la ética del trabajo porque su estética es mejor que la del ocio. La estampa de un hombre trabajando es mucho más inspiradora y honda que la de uno en huelga. El ocioso es repelente, pero no sólo en la estética que proyecta. De nuevo, la forma es el fondo. (...)
   Yo no podría quedarme en lo importante. ¿Qué mente resistiría un abrazo eterno con la mujer que quiere. ¿Qué cuerpo soportaría la tensión extrema constante, el dolor inalterable y plano, homogéneo e infinito, de un amor inabarcable e indomable? Es posible que alguien haya sido capaz alguna vez. Titanes ha habido con psiques indestructibles. Pero desearlo es propio de imbéciles. Esos poetas locos que persiguen la intensidad del dolor, inventándose su propia desdicha. Esos imberbes e insoportables que ansían librarse de lo urgente para atender a la importancia de su ombligo. Todos esos aburridos desconocen el poder de lo que invocan y, si se les presentara finalmente la transcendencia que tanto anhelan, no la aguantarían ni un segundo. Huirían dejando una estela de humo como en los dibujos animados. No saben que lo urgente nos libera. La vida nos previene de la propia vida. Por suerte, siempre hay demasiadas tareas por hacer. No es mejor la estética del trabajo. Simplemente, es la única soportable.
 
 
Sergio del Molino, La hora violeta, Mondadori, Barcelona, 2013, pp. 125-126.