[Si no fuera...], Almudena Guzmán

domingo, 31 de julio de 2011
La cabalgata. Desierto de Konya, Anatolia, Turquía, 1955, Jean Dieuzaide



Si no fuera porque me estoy hundiendo,
literalmente,
en la arena,
creería que el desierto es tan sólo una metáfora
con el punto justo de exotismo.

En el horizonte la esperanza.

El espejismo de siempre.


Almudena Guzmán, Zonas comunes, Visor, Madrid, 2001.

Tensa el arco, Roger Wolfe

sábado, 30 de julio de 2011




TENSA EL ARCO


La poesía:
una ballesta.
Y en el punto de mira,
un corazón.






Cuadro con arqueros
, Vasili Kandinski


Roger Wolfe, El arte en la era del consumo, Sial, 2001, Madrid, p. 46.

[Cuando la bota azul...], José Daniel García

viernes, 29 de julio de 2011

Cuando la bota azul
venga a pisar la araña
de codos enlazados
y las manos comiencen
a descoser las trenzas
o atravesar la piel de los tambores,
no os mováis.

Aunque os rompan las medias
y os arrastren
o sintáis escarbando bajo el cráneo
la vida, no os mováis.

El miedo es un payaso que os apunta
con una flor de plástico.
El payaso rojo, Marc Chagall



José Daniel García, Coma, Hiperión, Madrid, 2008, p. 9.

Libro de zoología, Rubén Martínez

jueves, 28 de julio de 2011
LIBRO DE ZOOLOGÍA

Apenas lo vio, salió corriendo a buscar en su libro el capítulo "E", de "Equinos", porque parecía un caballito, pero no lo encontró. Revisó pues la extensa clasificación del capítulo "A", "Avis", "Aves", porque tenía un par de hermosas alas como de nube, pero no encontró nada. Luego, como último recurso, revisó todas las especies de animales con cuerno, porque tenía un brillante y único cuerno. Pero descubrió que allí tampoco aparecía.
Entonces, con honda tristeza, le pidió al pequeño unicornio alado que se marchara, porque, sencillamente, no existía.


Madera de unicornio, Dahlov Ipcar


Rubén Martínez, 47 ideas para una novela, Palabras del Candil, Guadalajara, 2008, p. 17.

[Medio olvidando...], Michel Houellebecq

miércoles, 27 de julio de 2011
El gallo azul, Marc Chagall


Medio olvidando la presencia de su hermano, Michel se apoyó en la barandilla y echó una ojeada a los edificios. Ya había caído la noche; casi todas las luces estaban apagadas. Era la última noche del fin de semana del 15 de agosto. Volvió junto a Bruno, se sentó a su lado; sus rodillas se rozaban. ¿Se podía considerar a Bruno como un individuo? La putrefacción de sus órganos era cosa suya, iba a conocer la decadencia física y la muerte a título personal. Por otra parte, su visión hedonista de la vida, los campos de fuerzas que estructuraban su conciencia y sus deseos pertenecían al conjunto de su generación. Al igual que la instalación de una preparación experimental y la elección de uno o más factores observables permiten asignar a un sistema atómico un comportamiento determinado —ya sea corpuscular, ya sea ondulatorio—, Bruno podía aparecer como individuo, pero desde otro punto de vista sólo era el elemento pasivo del desarrollo de un movimiento histórico. Sus motivaciones, sus valores, sus deseos: nada de eso lo distinguía, por poco que fuese, de sus contemporáneos. Por lo general, la primera reacción de un animal frustrado es intentar alcanzar su objetivo con más fuerza que antes. Por ejemplo, una gallina hambrienta (Gallus domesticus) a la que un cercado de alambre le impide llegar a la comida, hará unos esfuerzos cada vez más frenéticos para atravesar el cercado. Sin embargo otro comportamiento, sin objetivo aparente, sustituirá poco a poco al primero. Las palomas (Columba livia) picotean el suelo sin parar cuando no pueden conseguir el codiciado alimento, aunque en el suelo no haya nada comestible. Y no sólo picotean de ese modo indiscriminado, sino que a menudo se alisan las plumas; esa conducta tan fuera de lugar, frecuente en las situaciones que implican frustración o conflicto, se llama conducta sustitutiva. A principios de 1986, poco después de cumplir treinta años, Bruno empezó a escribir.


Michel Houellebecq, Las partículas elementales, Anagrama, Barcelona, 2010 (1998), pp. 178-179.

[Veo al príncipe rojo...], Almudena Guzmán

martes, 26 de julio de 2011
El príncipe y la bella, Raúl Colón

Veo al príncipe rojo
cruzar la laguna
de donde dicen
que nunca se vuelve.

No sé a quién rezar
para que dulce
como el vino de palma
le sea el viaje,
para que pronto arribe a la luz
y a la orilla más clara
y olvide el laurel de la nieve fría
sobre tanto laúd herido en campaña.

Y me recuerde.


Almudena Guzmán, El príncipe rojo, Hiperión, Madrid, 2006.

Fracaso de los héroes, Miguel Ángel Zapata

lunes, 25 de julio de 2011
FRACASO DE LOS HÉROES

La expedición a la Antártida resultó un éxito total. La estación meteorológica a pleno rendimiento, los estudios sobre el ciclo reproductivo de los pingüinos o los hábitos alimenticios de las focas cangrejeras. El Nóbel a la vuelta de la esquina, unos cuantos paralelos más abajo.
Y encontrar entonces el piano en mitad de la enorme llanura de hielo, ese Stenway de destellos charolados, solitario ataúd de melodías congeladas en la inmensa pista de patinaje del Antártico.
Tras interpretar aquel pingüino minúsculo y vestido de etiqueta el Arabesque nº1 de Debussy y recibir en enfervorizado palmoteo de sus colegas blanquinegros, el vaivén de bigotes de las focas leopardo y los rugidos emocionados de una colonia de leones marinos, mis colaboradores y yo nos retiramos en silencio para iniciar cuanto antes el viaje de regreso a Europa, casi de puntillas, dispersando, taciturnos, a los vientos helados los cientos de hojas ya obsoletas con los exhaustivos datos de nuestros estudios sobre el modo de vida de la fauna polar.

Pingüino azul, Talia Helton


Miguel Ángel Zapata, Baúl de prodigios, Traspiés, Granada, 2007, p. 18.