[Calzar la mesa...], Juan Manuel Uría

lunes, 26 de octubre de 2015
Mesa, Gehrard Richter


Calzar la mesa es inútil cuando lo que está desequilibrado es el mundo.


Juan Manuel Uría, Dos por la mañana, El Gallo de Oro, Bilbao, 2015.
  

Monólogo sin nombre… un grito, Svetlana Alexievich

sábado, 24 de octubre de 2015
 Issei Suda

MONÓLOGO SIN NOMBRE… UN GRITO

   ¡Buena gente! ¡Déjennos en paz, por lo que más quieran! Ustedes charlan con nosotros y luego se marchan, ¡pero nosotros hemos de vivir aquí!
   Aquí están las cartillas médicas. Cada día las tomo en mis manos. Las leo…
   Ania Budái… nacida en 1985… 380 rem.
   Vitia Grinkévich… nacido en 1986… 785 rem.
   Nastia Shablóvskaya… nacida en 1986… 570 rem.
   Aliosha Plenin… nacido en 1985… 570 rem.
   Andréi Kotchenko… nacido en 1987… 450 rem.
   Hoy, una madre me ha traído a una niña como éstos a la consulta.
   —¿Qué te duele? —Me duele todo, como a mi abuela: el corazón, la espalda, y me da vueltas la cabeza.
   Desde niños ya conocen la palabra «alopecia», porque muchos se han quedado sin pelo. Sin cejas, sin pestañas. Todos se han acostumbrado a ello. Pero en nuestra aldea sólo tenemos una escuela de primaria, y los niños que pasan a la quinta clase tienen que tomar el autobús para ir a otra escuela a diez kilómetros. Y los niños lloran, no quieren ir. Allí los demás niños se reirán de ellos.
   Usted misma lo ha visto. Tengo el pasillo lleno de enfermos. Que esperan. Yo cada día oigo cada cosa que los horrores que ustedes ven por la tele es pura basura. Así se lo puede transmitir a las autoridades de la capital: ¡Basura!
   Modernismo… Postmodernismo. Por la noche me sacaron de la cama por una urgencia. Llego al lugar. La madre está de rodillas junto a la camita: la criatura se está muriendo. Y oigo la súplica de la madre: «Quería, hijito, que si esto ocurría, que fuera en verano. En verano hace calor, hay flores, la tierra está blanda. Ahora es invierno. Espera aunque sea hasta la primavera…».
   ¿Lo escribirá así?
   Yo no quiero comerciar con su desgracia. Filosofar. Para eso tendría que quedarme a un lado. Y yo no puedo. Oigo cada día lo que dicen. Cómo se quejan y lloran. Buena gente. ¿Quiere saber la verdad? Siéntese a mi lado y apunte. Pero si nadie va a leer un libro así.
   Mejor sería que nos dejaran en paz. Nosotros hemos de vivir aquí.
  

  
    Arkadi Pávlovich Bogdankévich, médico rural



Svetlana Alexievich, Voces de Chernóbil: crónica del futuro, Siglo XXI, Madrid, 2006, p. 103-104.
  

[Un hombre se traduce], Leonard Cohen

viernes, 23 de octubre de 2015
 Pejac


   Oración es traducción. Un hombre se traduce en un niño al preguntar por el contenido de un lenguaje que domina a duras penas.


Leonard Cohen, Los hermosos vencidos, Fundamentos, Madrid, 1974, pp. 67-68.
  

[Sin alma], Christian Bobin

miércoles, 21 de octubre de 2015
Fuego rojo y dorado, Eyvind Earle


   Es algo que no se ve, que no se oye, que no impide hacer nada. Se puede vivir muy bien sin alma, no es algo importante, ocurre muy a menudo. El único problema es que las cosas ya no vienen a ti cuando las llamas por su nombre. Puedes estar ausente de tu vida y engañar a todo el mundo sobre esta ausencia —a todo el mundo salvo a los animales, salvo a los árboles, salvo a las cosas. A todo el mundo salvo a la dorada luz del otoño, esa luz que pesa con toda su dulzura sobre la corteza de los abedules y la carne de los rosales. Cómo reunirse con lo que se elude. Cómo palpar la vida inmediata, cómo volver a la vida sencilla. Sí, cómo. El amor te ha pasado por encima como los rojos incendios sobre los bosques de Provenza.


Christian Bobin, Un simple vestido de fiesta, Árdora, Madrid, 2011, p. 22.
 

[Tan juntos], Svetlana Alexievich

martes, 20 de octubre de 2015

Chris Friel


   No hay manera de que me salga lo que quiero decir. No con palabras. Después del ataque al corazón, no puedo gritar. Tampoco me dejan llorar. Por eso no me salen las palabras. Pero le diré... Quiero que sepa... Aún no se lo he confesado a nadie. Cuando no les di a mi hija... nuestra hija... entonces, me trajeron una cajita de madera:
   —Aquí está.
   Lo comprobé. La habían envuelto en pañales. Toda envuelta en pañales. Y entonces me puse a llorar y les dije:
   —Colóquenla a los pies de mi marido. Y díganle que es nuestra Natasha.
   Allí, en la tumba, no está escrito «Natasha Ignatenko». Sólo está el nombre de él. Ella no tuvo ni nombre, no tuvo nada. Sólo alma. Y allí es donde enterré su alma...
   Siempre vengo a verlos con dos ramos: uno es para él y el segundo lo pongo en un rinconcito para ella. Me arrastro de rodillas por la tumba. Siempre de rodillas... [De manera inconexa:] Yo la maté. Fue mi culpa. Ella, en cambio... Ella me ha salvado. Mi niña me salvó. Recibió todo el impacto radiactivo, se convirtió, como si dijéramos, en el receptor de todo el impacto. Tan pequeñita. Una bolita. [Pierde el aliento.] Ella me salvó. Pero yo los quería a ambos. ¿Cómo es posible? ¿Cómo se puede matar con el amor? ¡Con un amor como éste! ¿Por qué están tan juntos? El amor y la muerte. Tan juntos. ¿Quién me lo podrá explicar? Me arrastro de rodillas por la tumba. [Calla largo rato.]


Svetlana Alexievich, Voces de Chernóbil: crónica del futuro, Siglo XXI, Madrid, 2006, p. XXXV.

[Seguimos observando], Daniel Tammet

domingo, 18 de octubre de 2015
Eos, Will Barnet


   En cierto modo, constantemente evaluamos y predecimos a los demás, aun cuando no seamos conscientes de ello. A menudo, la gente a la que escrutamos con más énfasis es aquella a la que más queremos. Siempre hay contemplación en el amor, y el intensísimo deseo de comprender al objeto de nuestro afecto. Y también hay melancolía, cuando comprobamos lo poco que podremos saber nunca con certeza. Nos duele nuestra ignorancia, pero pese a todo la soportamos. Con humildad, con paciencia, seguimos observando hasta que finalmente nos identificamos de alguna manera con el otro. La anticipación se convierte en un acto de amor.


Daniel Tammet, La poesía de los números, Blackie Books, Barcelona, 2015, p. 210.
 

[Y un día...], Christian Bobin

viernes, 16 de octubre de 2015
 León Ferrari


   Y un día, para conocer un libro nos bastará con posar nuestro índice sobre su portada, y toda la luz de las palabras nos penetrará, sin que quede nada, y ese día sabremos que estamos muertos —pues mientras estamos vivos, estábamos condenados a lo laborioso, a palabra por palabra y a lo indescifrable.


Christian Bobin, Autorretrato con radiador, Árdora, Madrid, 2006, pp. 32-33.