Cadena, Rubén Abella

jueves, 11 de noviembre de 2010
CADENA

León se estaba afeitando cuando su mujer le recordó que era un inútil. El dinero no alcanzaba y, además, hacía meses que no cumplía con sus deberes carnales.

—Si ya me lo decía mi madre: cuidado, Blanca, que éste de macho no tiene más que el nombre.

Tres horas después León montó en cólera porque Paloma, la becaria de la asesoría, le trajo el café frío. Aprovechó la inercia del rapapolvo para reconvenirla también por sus fotocopias ennegrecidas y su falta de garbo.

—¡Yo no sé qué os enseñan en la universidad! —exclamó, devolviéndole el vaso de plástico.

Poco antes de comer, Paloma recibió una llamada de Blas. Echaba mucho, mucho, mucho de menos a su pichoncito, dijo, y quería saber cómo estaba.

—Te he dicho muchas, muchas, muchas veces que no me llames al trabajo. A ver si en vez de echarme tanto de menos, empiezas a respetarme un poco —lo interrumpió Paloma en un susurro malhumorado, y colgó el teléfono.

A última hora de la tarde, mientras repartía pizzas en la moto, Blas estuvo a punto de chocar contra un coche mal aparcado. Para resarcirse le rayó la chapa con una moneda y escribió en el parabrisas: «APRENDE A APARCAR, MAMÓN, QUE CASI ME MATO».

Rolando se quedó atónito al cerrar la papelería y ver el coche estragado. Se montó maldiciendo en voz alta, calculando los costes del arreglo, esperando que Merche tuviera la cena lista cuando él llegase a casa. Si no, se iba a enterar.





Rubén Abella, Los ojos de los peces, Menoscuarto, Palencia, 2010, páginas 116-117.

Vista del crepúsculo, al fin del siglo; Eduardo Galeano

sábado, 6 de noviembre de 2010
VISTA DEL CREPÚSCULO, AL FIN DEL SIGLO

Está envenenada la tierra que nos entierra o destierra.
Ya no hay aire, sino desaire.
Ya no hay lluvia, sino lluvia ácida.
Ya no hay parques, sino parkings.
Ya no hay sociedades, sino sociedades anónimas.
Empresas en lugar de naciones.
Consumidores en lugar de ciudadanos.
Aglomeraciones en lugar de ciudades.
No hay personas, sino públicos.
No hay realidades, sino publicidades.
No hay visiones, sino televisiones.
Para elogiar una flor, se dice: «Parece de plástico».


Eduardo Galeano, Patas arriba. La escuela del mundo al revés, Siglo XXI, Madrid, 2005, página 288.

Azúcar quemado, Jordi Virallonga

jueves, 4 de noviembre de 2010

AZÚCAR QUEMADO

Como vas y vienes del salón al lavabo,
cruzaste países y puentes
sin haber estado nunca al otro lado de nada.

No hay más decoro que este ir y venir,
no caer antes del duodécimo asalto,
cavar trincheras en lugares
donde nunca hubo enemigos,
retrasar la muerte a cambio
de una vaguedad de victoria.

El plan es simple:
no derribar ni construir,
sólo irte deshaciendo.



Jordi Virallonga, Hace triste, DVD Ediciones, Barcelona, 2010.

Dos imanes guardados en distinta caja, David Eloy Rodríguez

viernes, 29 de octubre de 2010

DOS IMANES GUARDADOS EN DISTINTA CAJA

Como los perros se asustan de los fuegos artificiales,
deslumbrados, sin entender su lenguaje,
así escaparon ellos del amor.
Ahora viven en dos ciudades distintas
separadas por trenes, y esperan,
cada tarde, el lento correo de la lluvia.




David Eloy Rodríguez, Para nombrar una ciudad, Renacimiento, Sevilla, 2010.

El violinista azul, José Ángel García Caballero

martes, 26 de octubre de 2010
El violinista azul, Marc Chagall


EL VIOLINISTA AZUL
MARC CHAGALL
A Elena Escribano

No subo a los tejados
para esconder mi música,
ni para ver de cerca
el vuelo de los pájaros,
ni salpicar al viento
con un roce de mano.

No escapo de las calles,
ni de la madreselva
extraña y repentina
que surge entre los muros
algunas raras veces
después de haber llovido.

No me acerco a la luna para invocar promesas,
ni acompasar mis notas con un sueño lejano,
no pretendo el azul que nombra mis recuerdos,
ni este nítido polen que añoro en mi rutina.

Sólo soy alguien que busca
en su cadencia triste
la tierna imagen leve de aquello que ha dejado:
un parque, una almadraba,
una efigie de sal
fugaz, descolorida.

Porque existen palabras
que adquieren el sentido
en su desuso, acordes
que sólo son canción
en su abandono, como también esta ciudad
que sólo se vislumbra en su distancia, esquiva
a cualquier aire o dedo
que pueda deshacerla.


José Ángel García Caballero, Llaves olvidadas, Renacimiento, Sevilla, 2010, pp. 46-7.

[sólo rocío...], Kobayashi Issa

jueves, 7 de octubre de 2010



sólo rocío
es el mundo, rocío,
y sin embargo...


Kobayashi Issa




José María Bermejo (ed.), Instantes. Nueva antología del haiku japonés, Hiperión, Madrid, 2009, p. 154.

La ansiedad infinita, Julio Martínez Mesanza

martes, 5 de octubre de 2010
LA ANSIEDAD INFINITA

Duerme siempre en un carro de combate.
Su sueño es agitado, como todo
sueño en las cuadras. Duerme siempre armado
y le despiertan los caballos. Duerme
un corto sueño y otro corto sueño
y en sus sueños se adentra por los bosques
y por los rojos mares del combate.




Julio Martínez Mesanza, Soy en mayo [Antología 1982-2006], Renacimiento, Sevilla, 2007, p. 118.