El final de la infancia, Ginés S. Cutillas

viernes, 24 de diciembre de 2010



EL FINAL DE LA INFANCIA

En el colegio lo tenían claro: los regalos de Navidad eran cosa de los padres. Pablito decía que no, que en su casa era Papá Noel quien traía los regalos en Nochebuena. Estaba tan seguro que los apostó todos con los amigos.

Aquella noche, agazapado tras el árbol, esperó con la pistola de su padre entre las manos a que apareciera un año más el hombre de rojo. Sonreía mientras imaginaba la cara de sus compañeros al día siguiente delante de los calcetines vacíos.






Ginés S. Cutillas, Un koala en el armario, Cuadernos del vigía, Granada, 2010, p. 79.

Búsqueda, Kepa Murua



BÚSQUEDA

un día vi cómo te pegabas a las sombras
con la frente, cómo no gritabas
y cómo aquello no te dolía tanto
como la eternidad

es terrible el anhelo, a menudo
una mujer nieva en penumbra
y también dijiste, un sentado beso es el dolor
y no espero en el pasillo a que me desangre




Kepa Murua, Cardiolemas, Calambur, Madrid, 2002, página 29.

Ilustración: Alfredo Fermín Cemillán (Mintxo), ibid., página 52.

El muñeco de nieve arrollado por un coche, Choi Seung-Ho

sábado, 18 de diciembre de 2010

EL MUÑECO DE NIEVE ARROLLADO POR UN COCHE

El problema es el coche. Pero, ¿por qué se esfumaría dejando arrollado al muñeco de nieve? El niño llora. El muñeco de nieve no ha muerto, tan sólo se le ha partido el cuerpo, pero le guarda rencor al coche que se escapó después de provocar el accidente. "El muñeco de nieve no muere. Mira, pequeño, el muñeco de nieve nunca morirá". El niño me mira fijamente. "Oiga, señor, el muñeco de nieve ha muerto. Vea que ha muerto porque ha dicho que no muere".




Choi Seung-Ho, Autobiografía de hielo, Bajo la luna, Buenos Aires, 2010.

La lectora, Juan Rodolfo Wilcock

miércoles, 15 de diciembre de 2010
LA LECTORA

Una gran gallina ocupa el departamento; es tan grande que, en el intento de pasar de una habitación a otra, ya ha derribado algunas puertas. No es que sea muy inquieta; es una gallina intelectual, y pasa casi todo el tiempo leyendo. De hecho, es consultora de la editorial A; el editor le manda todas las novelas que aparecen en el extranjero, y la gallina pacientemente las lee con el ojo derecho, porque no puede leer con los dos ojos al mismo tiempo: el izquierdo permanece cerrado, bajo su hermoso párpado gris aterciopelado. De tanto en tanto la gallina refunfuña algo, porque la letra es demasiado pequeña para ella; o bien hace clo-clo y bate las alas, pero nadie puede decir si lo hace de placer o de aburrimiento. De cualquier forma, cuando un libro no le gusta, la gallina intelectual se lo come; después la editorial A manda a un inspector a recoger el resto –que ella deja esparcido por toda la casa– y lo publica. Esto, en el pasado, dio origen a algunos equívocos: libros que eran encontrados dentro de un armario, cuando ya habían sido publicados por otro editor, con un éxito deplorable. No obstante esto, es la gallina más autorizada de la industria literaria.

No sabemos cómo deshacernos de ella; además de derribar las puertas nos ensucia las habitaciones; y la sirvienta amenaza con irse si no se va la gallina. Y sin embargo es un animal tan inteligente, sus juicios son tan exactos, sus costumbres tan inofensivas; a las seis de la tarde se sube a su diván, se instala, cierra los ojos y duerme, sin molestar más a nadie; ni siquiera se mueve para hacer sus necesidades. Por la mañana nos levantamos y la encontramos ya en el comedor, ocupada en leer al último ruso de Siberia o al último sudamericano. Y nunca puso un huevo.




Juan Rodolfo Wilcock, El estereoscopio de los solitarios, Edhasa, Barcelona, 2000, pp. 53-54.

Es mentira el recuerdo, Isabel Pérez Montalbán

martes, 14 de diciembre de 2010

ES MENTIRA EL RECUERDO

Todo recuerdo es niebla, gris que extravía el rumbo,
envuelve la verdad y simula una farsa:
la niebla indiferente a la luz y el taquígrafo,
la niebla que se ofrece en saldos y en burdeles
como niña que ha sido secuestrada del juego.
Así de evanescente parece lo que digo,
como foto velada o bruma en alta mar.

El recuerdo es mentira o se hace el muerto entonces.
Si a veces viene a verme, se encarna en un papel,
esquela de algún lázaro que siempre resucita,
pero ya nunca está completamente vivo;
ocupa su rincón, gravita por la atmósfera
y sabe que no puede comer con la familia.




Isabel Pérez Montalbán, Un cadáver lleno de mundo, Hiperión, Madrid, 2010.

Los amantes, Juan Rodolfo Wilcock

sábado, 11 de diciembre de 2010
Los amantes, Marc Chagall


LOS AMANTES

Harux y Harix han decidido no levantarse más de la cama: se aman locamente, y no pueden alejarse el uno del otro más de sesenta, setenta centímetros. Así que lo mejor es quedarse en la cama, lejos de las llamadas del mundo. Está todavía el teléfono, en la mesa de luz, que a veces suena interrumpiendo sus abrazos: son los parientes que llaman para saber si todo anda bien. Pero también estas llamadas telefónicas familiares se hacen cada vez más raras y lacónicas. Los amantes se levantan solamente para ir al baño, y no siempre; la cama está toda desarreglada, las sábanas gastadas, pero ellos no se dan cuenta, cada uno inmerso en la ola azul de los ojos del otro, sus miembros místicamente entrelazados.

La primera semana se alimentaron de galletitas, de las que se habían provisto abundantemente. Como se terminaron las galletitas, ahora se comen entre ellos. Anestesiados por el deseo, se arrancan grandes pedazos de carne con los dientes, entre dos besos se devoran la nariz o el dedo meñique, se beben el uno al otro la sangre; después, saciados, hacen de nuevo el amor, como pueden, y se duermen para volver a comenzar cuando se despiertan. Han perdido la cuenta de los días y de las horas. No son lindos de ver, eso es cierto, ensangrentados, descuartizados, pegajosos; pero su amor está más allá de las convenciones.



Juan Rodolfo Wilcock, El estereoscopio de los solitarios, Edhasa, Barcelona, 2000, pp. 173-174.

La forma en que afrontamos, Katherine Towers

lunes, 6 de diciembre de 2010
LA FORMA EN QUE AFRONTAMOS

la forma en que afrontamos nuestras vidas
probando cada habitación vacía como
si fueran casas que podríamos poseer
escuchando pistas a escondidas en los pasillos hasta
quedarse frente a una verja o una ventana del ático
descubriendo la belleza en una bandera del cielo
nos vamos, dejando las puertas abiertas
ardiendo todas las luces

Katherine Towers




Traducción. Texto original: "The Way We Go". Poems on the Underground