Cenicienta, Alejandra Díaz-Ortiz

lunes, 21 de marzo de 2011
CENICIENTA

Lejos estaba de imaginar que aquel beso perdido en mitad de la noche sería la sentencia al deseo perpetuo de volverlo a encontrar.
El problema era que los labios que iba probando no eran de su talla.
Tendría que seguir buscando.

Primer beso, Aleksey Sokolov


Alejandra Díaz-Ortiz, Cuentos chinos, Trama, Madrid, 2009, página 75.

[El amor], Andrés Neuman & Emil Cioran

domingo, 20 de marzo de 2011
Un ejercicio de alta dificultad: extraer amor del amor.

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Lo verdaderamente revolucionario es modificar un sentimiento.

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La anatomía del amor es suspicaz: resulta físicamente imposible amarse frente a frente haciendo coincidir los corazones.

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Amar es una obra de arte.



Andrés Neuman, El equilibrista (Aforismos y microensayos), Acantilado, Barcelona, 2005.

Los amantes, Marc Chagall


¿El arte de amar? Saber unir a un temperamento de vampiro la discreción de una anémona.

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La dignidad del amor consiste en el afecto desengañado que sobrevive a un instante de baba.

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A pesar de todo, continuamos amando; y ese «a pesar de todo» cubre un infinito.



E. M. Cioran, Silogismos de la amargura, Tusquets, Barcelona, 1990.

14:22 p.m., Alejandra Díaz-Ortiz

sábado, 19 de marzo de 2011
Después del baño, Edgar Degas

14:22 p.m.

No me molestó la estúpida caída en la bañera. Tampoco los veintiún pinchazos y tres descargas que me dieron los de Urgencias. El paso por quirófano no fue nada grave, más bien creo que divertido: yo era el centro de atención. El funeral tampoco estuvo nada mal, fueron los que yo sabía —ni uno más ni uno menos— y tú.
Se dijeron las cosas justas que fui escribiendo en los recuerdos de los que apenas me recuerdan. Ni siquiera tus lágrimas me conmovieron; te dejé en buen momento para jugarte una próxima vida.
Pero lo que sí me ha jodido de mi muerte es esta puñetera certeza de no volver a respirarte.


Alejandra Díaz-Ortiz, Cuentos chinos, Trama, Madrid, 2009, página 11.

Robin Hood, Miguel Ángel Zapata

jueves, 17 de marzo de 2011
ROBIN HOOD

Todos admiraban el caparazón gigantesco de mi tortuga de agua.
A nadie podía extrañar que mi tortuga fuera la más pesada del mundo.
A nadie sorprendió que un día desapareciera.
Y nadie se preguntó nunca adónde fueron a parar la mesita de caoba, mi colección de discos de jazz, la cubertería de plata, el gramófono, tres sillas tapizadas de mi coqueto salón.
Ayer aparecieron todas mis cosas en la ribera del río: la mesa dispuesta, cena de lujo, tres a la mesa, Duke Ellington en mi gramófono.
A mi tortuga y su familia les encanta bañarse antes de comer.

Divina tortuga, Zhang Gui


Miguel Ángel Zapata, Baúl de prodigios, Traspiés, Granada, 2007, pp. 18-19.

Desembarco, Jorge Urrutia

miércoles, 16 de marzo de 2011
El barco de los esclavos, William Turner

DESEMBARCO

Volver no es regresar. Lo supo tarde.
Cambiaron las manías,
las pequeñas costumbres cotidianas
que componen los gestos.
Las casas son extrañas, las personas
velados rostros son, manos deshechas.
El silencio persigue nuestros pasos
y la curiosidad.

Tal vez se vuelve al sitio pero nunca
se regresa en el tiempo.



Jorge Urrutia, Ocupación de la ciudad prohibida, Calambur, Madrid, 2010, p. 39.

Elegía, Jorge Luis Borges

martes, 15 de marzo de 2011

ELEGÍA

Sin que nadie lo sepa, ni el espejo,
ha llorado unas lágrimas humanas.
No puede sospechar que conmemoran
todas las cosas que merecen lágrimas:
la hermosura de Helena, que no ha visto,
el río irreparable de los años,
la mano de Jesús en el madero
de Roma, la ceniza de Cartago,
el ruiseñor del húngaro y del persa,
la breve dicha y la ansiedad que aguarda,
de marfil y de música Virgilio,
que cantó los trabajos de la espada,
las configuraciones de las nubes
de cada nuevo y singular ocaso
y la mañana que será la tarde.
Del otro lado de la puerta un hombre
hecho de soledad, de amor, de tiempo,
acaba de llorar en Buenos Aires
todas las cosas.



Jorge Luis Borges, La cifra, Alianza, 1981, página 45.

Decepción, Miguel Ángel Zapata

domingo, 13 de marzo de 2011
Caja de cereales Kellogg's, Andy Warhol

DECEPCIÓN

La publicidad es engañosa, una mentira con P.V.P. y actores fuera de lugar.
En los anuncios de aquellos cereales se aseguraba el premio magnífico de una peonza en el interior de la caja. Terminé los cereales, indagué dentro del rectángulo troquelado como un mago en apuros y pude sacar: veinte doblones de oro, un broche de esmeraldas, un ejemplar de la primera edición de la Odisea firmado por su autor, el cartón original de Goya para el tapiz El columpio, una carta de Greta Garbo a su amante Ivana Petruschka, la bota con que Maradona impulsó el balón a la red en el partido ante Inglaterra de Méjico 86, la peluca ensangrentada de Robespierre, un fragmento de roca lunar, el primer bombín cinematográfico de Chaplin con un bastón y un bigotito de pega dentro, el cráneo de Yorick que Hamlet sostuvo en su mano, una sandalia de César con tierra gala en la suela.
Pero (ay, supina decepción) de la peonza prometida, ni rastro.



Miguel Ángel Zapata, Baúl de prodigios, Traspiés, Granada, 2007, p. 94.