Instrucciones para dar cuerda a un robot, Eva Díaz Riobello

viernes, 16 de mayo de 2014
 Los inadaptados: Un monstruo y un robot se enamoran, Chris Jeanguenat


INSTRUCCIONES PARA DAR CUERDA A UN ROBOT

   Pásele suavemente la mano por la película de piel que lo recubre, dándole calor. Deje que su vello se erice con el cosquilleo de los dedos, sople en el hueco de su oreja, esa caracola rosada y tierna que tienen en la parte superior; acerque algo dulce y especiado a su cavidad olfativa: piel de naranja, canela o clavo, tal vez una flor exótica dé buen resultado.
   Luego acaricie sus labios con la lengua, muérdalos con delicadeza si es necesario, e intente que el contacto sea intenso, que dure uno o varios minutos, que corte la respiración, que cause un estallido de electricidad potente para que su corazón se ponga en marcha.
   Si es así, pronto sentirá las palpitaciones en la caja torácica del robot, un golpeteo rítmico, casi un murmullo, y entonces sus ojos le enfocarán, puede que incluso emitan un brillo húmedo, pero no mire directamente a sus pupilas.
   No mire, o corre el riesgo de sentir.
   No importa qué. 


Eva Díaz Riobello, Susurros en el tejado, Alhulia, Granada, 2010.
   

Revolución

jueves, 15 de mayo de 2014

REVOLUCIÓN

   Como tantas otras que subsistían en terrenos áridos, una familia de ovejas disfrutaba aquella tarde con la programación televisiva: prados de hierba exuberante acompañados por el fresco murmullo de una corriente, por la cadencia en las notas de los pájaros.
   Fingieron no haber oído nada cuando, a lo lejos, resonó el aullido de un coyote. La segunda vez se lo atribuyeron al viento; a la tercera, era difícil disimular la amenaza. Así que una de las ovejas buscó el mando para subir el volumen al televisor. El arroyo comenzó a retumbar como una cascada, mientras las demás, con tranquilidad renovada, balaron satisfechas.


[Para la Primavera de Microrrelatos Indignados 2014]
             

Un sueño, Julio Cortázar

lunes, 12 de mayo de 2014

UN SUEÑO

   Me he dormido contra ti, rozando tus piernas y tu flanco. Sin transición sueño lo mismo, que estoy contra ti y siento tu cuerpo contra el mío. Te acaricio, primero suavemente y después, deseándote, las caricias se vuelven íntimas y penetrantes. Me rechazas con una queja. Sueño que me despierto y que me doy cuenta de que lo que hacía lo hacía soñando. Te digo: «Perdóname, estaba soñando que te acariciaba, y te toqué sin querer». Y sólo entonces me despierto de veras.

Julio Cortázar
  
Aurora Bernárdez (ed.), Cortázar de la A a la Z, Alfaguara, Madrid, 2013, p. 266.
     

[El lenguaje que siente], Carlos Skliar

viernes, 9 de mayo de 2014
En un momento sensual, Carsten Witte


   Ninguno de los sentidos es repetición. Aunque se haya escuchado aquel sonido, hoy está en otros labios. Por más que se haya mirado aquel niño, ahora está en otro tiempo. La piel es lo menos repetido del cuerpo. Por más que se suplique por aquello —aquella caricia, aquel roce, aquella travesía—, siempre recibirá esto —esta caricia, este roce, esta travesía—. El lenguaje que siente es una voz con alguien detrás, un silencio con alguien dentro.


Carlos Skliar, Hablar con desconocidos, Candaya, Barcelona, 2014, p. 85.
     

[El paréntesis], Roger Wolfe

sábado, 3 de mayo de 2014


   El amor, como cualquier otra droga, supone un paréntesis; es decir, una pausa. Los paréntesis crean otro mundo dentro de este mundo; otro tiempo dentro de este tiempo, que es el mezquino tiempo de los relojes. Dentro, o más bien fuera. El paréntesis detiene el tiempo; lo vuelve a poner a cero. Es un aplazamiento, un indulto provisional. Lo que busca el llamado adicto, y busca cualquier persona que merezca el raro calificativo de pensante, es el paréntesis. El aplazamiento. El indulto.


Roger Wolfe, Siéntate y escribe, Huacanamo, Barcelona, 2011, p. 140.

[Los ojos que miran], Jorge Riechmann

viernes, 2 de mayo de 2014


   Lo más importante para los seres humanos es la intensidad, el deseo: la forma en que la vida se refracta en un sujeto. Y eso está en los ojos que miran, no en lo mirado.


Jorge Riechmann, El siglo de la gran prueba, Baile del Sol, Tegueste, 2013, p. 50.

[La luz del sol], René Magritte

jueves, 1 de mayo de 2014
La búsqueda de lo absoluto, René Magritte


No hay que temer la luz del sol con el pretexto de que casi siempre ha servido sólo para iluminar un mundo miserable.

René Magritte