[Es Noche Vieja...], Kojô

sábado, 31 de diciembre de 2011




Es Noche Vieja.
Sigue ajándose todo,
y suena el viento.

Kojô



Viento del mar, Andrew Wyeth



Antonio Cabezas (ed.), Jaikus inmortales, Hiperión, Madrid, 1983, 144.

[Me acuerdo]

viernes, 30 de diciembre de 2011

Me acuerdo de mi torpe forma de recordarte, desde el tropiezo original en un sueño, desde la intrépida lágrima que partía a buscarte sin haber anotado tu dirección. Me acuerdo de que imaginarte era conocerte y conocerte volver a imaginarte, como un viejo pingüino que palpando reconoce su hogar en el hielo. Me acuerdo de equivocarme y graznar palabras como escombros, el aire supo a tierra abandonada y mis ojos debieron replegarse y aprender de nuevo a volar. Me acuerdo de cuánto he deseado la alquimia, de cómo cambiaría mi voz por el pájaro que supiera susurrarte despacio la lluvia. Me acuerdo de soñarte hasta romperte, y qué importa cuando puedo tallarte eterno con mis manos rasgadas y tan turbias. Me acuerdo de la angustia que tatuó en mi piel el hueco de unas alas, de que bajo el hueso intenté lucir esta pluma tuya insomne, y el espejo sonrió al taquigrafiar tu rostro de kilómetros y el mío de años muertos o que no acertaron nunca por qué herida debían nacer. Me acuerdo de que te quise, de que aún te quiero si me permites haberte odiado alguna vez, por dejar que te ame en las astillas del abismo, por dejar en el escaparate tu piel y en mi mano la sombra, por tus ojos que regresan danzando al mismo cáliz y mientras en mi plato esa lágrima, tan distinta y tan igual a la primera, como la coreografía más exacta en mi memoria de tu luz y de tu tacto. Me acuerdo de ti, hoy y siempre y a pesar de. Me acuerdo.

[viajera de corazón...], Alejandra Pizarnik

miércoles, 28 de diciembre de 2011






viajera de corazón de pájaro negro
tuya es la soledad a medianoche
tuyos los animales sabios que pueblan tu sueño
en espera de la palabra antigua
tuyo el amor y su sonido a viento roto





Cuervo, Geoff Holt


Alejandra Pizarnik, Poesía completa, Lumen, Barcelona, 2000, p. 147.

[Con qué cuidado...], Francisco Onieva

martes, 27 de diciembre de 2011


Con qué cuidado marcas tus pisadas.
Quizá temes hundir tu pie
entre la hierba amarilla
de la memoria.



Hierba amarilla, Isabel Moore


Francisco Onieva, Perímetro de la tarde, Ediciones Rialp, Madrid, 2007, p. 25.

Ser como de la familia, Flavia Company

lunes, 26 de diciembre de 2011
Casa giratoria, Paul Klee


SER COMO DE LA FAMILIA

Me fui con ellos porque insistieron: «Que no puedes quedarte sola, que la Navidad hay que pasarla en familia, que ya verás qué casita más mona hemos alquilado», etcétera. Me dejé convencer. Las apariencias engañan y la propuesta tenía buena pinta. Debería haber recordado que hay películas de terror con comienzos aún más cándidos. En fin.
La casa era mona, es cierto. Estaba en lo alto de una colina, en medio de un manto de nieve blanca y pura. Se respiraba sosiego. Nada hacía sospechar la tormenta que se avecinaba. El mismo día de nuestra llegada, por la noche, ocurrió la primera inesperada catástrofe: después de insultarse sin ningún tipo de miramientos, el padre y uno de los hijos llegaron a las manos. Tuvimos que ir de urgencias al hospital. Yo no salía de mi asombro, claro está. Quién podía prever algo así. Además, sentía vergüenza ajena.
El segundo día, 24 de diciembre, la sangre corrió entre los esposos. Yo ya no daba crédito. Aquello era un escándalo. Pensé en irme, pero habría quedado fatal. Los acompañé de nuevo a urgencias. Para Navidad, el asunto no mejoró: uno de los hermanos empujó a otro con tan mala fortuna —o tan mala saña— que logró que cayera por las escaleras y entrara en coma.
Total que yo, que hasta entonces había sido una persona pacífica y que jamás había intuido el carácter oculto de mis amigos, el día de San Esteban, contagiada y eufórica, prendí fuego a la casa con todos adentro y me largué. «¿Son parientes suyos?», me preguntaron en el depósito cuando fui a reconocer lo que quedaba de ellos. «No —contesté—, pero puede considerarse que ya he pasado a ser como de la familia». De ahí.


Flavia Company, Trastornos literarios, Páginas de Espuma, Madrid, 2011, pp. 153-134.

Natividad 2000, Juan Armando Epple

domingo, 25 de diciembre de 2011
Tormenta, Foolish Monkey

NATIVIDAD 2000

María envolvió al bebé recién nacido en una manta y salió a la calle. Se le habían secado prematuramente los pechos y las monedas no le alcanzaban ni para comprar una lata de leche. Su marido la abandonó apenas supo que estaba embaraza, llevándose los únicos bienes que podían ser vendidos o empeñados: sus herramientas de carpintero.
Recorrió las calles buscando una esquina propicia para instalarse a pedir limosnas. Pero era un día feriado, las tiendas estaban cerradas, la gente se había recogido temprano a sus casas, y sólo pasaban autos apurados salpicando las pozas del pavimento.
Al llegar al centro de la ciudad, descubrió un pequeño establo de madera, iluminado con luces de colores, que adornaba la plaza principal, entre el edificio de la Gobernación y la Catedral. Vio que bajo el pesebre había una cama de paja, rodeada de animalitos de cartón.
Estaba por anochecer y se avecinaba otro temporal. En esas condiciones era peligroso seguir buscando con el bebé a cuestas.
Depositó a la niña en la cama de paja, y siguió su camino.
No esperaba ningún milagro.


Juan Armando Epple, Con tinta sangre, Thule, Barcelona, 2004, p. 67.

Oficios navideños, Fabián Vique

sábado, 24 de diciembre de 2011
Fotógrafo: Andrew Weiss

OFICIOS NAVIDEÑOS

Patricio siempre dice que el momento propicio para robar un banco es el 24 de diciembre a las doce de la noche, cuando el escándalo de los petardos disimula el estruendo de la molotov que hace añicos la caja fuerte.
Por lo general lo dice después de las doce, después del brindis con la familia, en el bar de siempre, con los amigos de toda la vida. Alguien le recuerda que es portero de escuela hace treinta años. Más a mi favor, dice, ¿quién va a sospechar de un portero de escuela?, y agrega nuevos detalles del golpe.


Fabián Vique, La vida misma y otras microficciones, Macedonia, Morón, 2010, p. 115.