Espuma, Blanca Andreu

martes, 9 de marzo de 2010
ESPUMA

Gacela blanca
vuelas
sobre el arco de la ola
como un inacabable lirio blanco
o una rosa
de sal
interminable.



Blanca Andreu, Los archivos griegos, Fundación José Manuel Lara, Sevilla, 2010, página 87.

Un Antikafka más, Julio Cortázar

lunes, 8 de marzo de 2010

UN ANTIKAFKA MÁS

Me apena confesar que todos mis esfuerzos han fracasado, y que después de años de lucha no he conseguido convertirme en un cocodrilo.

He agotado gota a gota las tentativas más diversas, procediendo con una paciencia de lentas patas y ojos disimulados, asomando apenas sobre el fangoso discurrir del tiempo. Al principio no me parecía demasiado imposible, iba a la orilla del río y abría la boca como si quisiera tragarme el sol. Pasaban las horas, pero el tradicional pajarillo que monda los dientes del cocodrilo no revoloteaba sobre mí. Harto de esperanza inútil me resignaba y me volvía con la cabeza gacha, como jamás hubiera vuelto un cocodrilo.

Llegué incluso a vencer mi horror al agua, esperando que la metamorfosis se cumpliera alguna vez en el elemento natural de los saurios (¡dulce nombre!). No faltarán testigos de mi tesón, enormes escarabajos negros y enloquecidas mariposas tropicales pueden dar crédito de mi ingenio, de mi lenta perseverancia en no ahogarme mientras boca arriba me aguantaba un estúpido desfile de nubes y aviones supersónicos. ¿Quién podría desmentir tanta esperanza activa y obstinada, tantas provocaciones a la rutina genética? Ni siquiera hoy, viejo y cansado, acepto la derrota. Al atardecer me asomo a los cañadones y allí, entre los juncos, acecho el paso de los cervatillos. Quizá si me abalanzara sobre uno de ellos me transformaría inmediatamente en un caimán, ¡ah el crujido de los tiernos huesos entre las multiplicaciones de mis dientes!

Pero ni siquiera hay cervatillos, empieza a hacer frío, debo volver a mi nido donde me espera indignada mi esposa; ya se sabe lo que son las lechuzas, su intemperante temperamento, el chirrido de su cólera que exalta los cementerios y echa a andar las cosas muertas, las interminables recriminaciones.


Julio Cortázar, Territorios, Siglo XXI, Madrid, 2009, páginas 95-96.

Reconciliación, Ángel Olgoso

jueves, 4 de marzo de 2010
RECONCILIACIÓN
A Antonia Pertíñez

La anciana, que había sobrevivido a sus hijos y a su esposo, se sumergía a diario en el parque como en un baño balsámico, lejos del pisito vacío, de su caja de resonancia donde aún latía vivamente el dolor y la soledad. Siempre ocupaba el mismo asiento. Semienterrada junto al respaldo del banco, una piedra rugosa, gris y salpicada de cardenillo era toda su compañía. La mujer la miraba con atención y dulzura, como a algo cuya simplicidad enternece, y le invadía entonces un sentimiento de gran sosiego, una especial ligereza de corazón, de miel que cicatriza adversidades y sella destinos comunes.

Una mañana, sin saber muy bien por qué, posó su mano sobre la piedra y, concentrando en aquel roce toda la inocencia y dignidad que llevaba, pese a todo, dentro de sí, la acarició con extrema delicadeza. Igual que la semilla no muere bajo la tierra invernal, bastó ese gesto espontáneo para que por primera vez, tras millones de años de aparente inercia, de mutismo inhumano, de naturaleza obstinada y refractaria al trato social, la piedra diera los buenos días.



Ángel Olgoso, La máquina de languidecer, Páginas de espuma, Madrid, 2009, página 65.

Corazón en la noche, Roger Wolfe

miércoles, 3 de marzo de 2010

CORAZÓN EN LA NOCHE
—Kiekegaard, Diario íntimo—

Y luego,
cuando el sol entorne
su ojo escrutador,
cuando la historia
se haya terminado,
no sólo me envolveré en mi capa,
sino que me echaré la noche encima,
como un velo,
e iré a buscarte
—al acecho, como un salvaje—,
no para espiar tus pasos,
sino para escuchar los latidos
de tu corazón.


Roger Wolfe, Afuera canta un mirlo, Huacanamo, Barcelona, 2009, página 17.

Umbrales, Ángel Olgoso

lunes, 1 de marzo de 2010
UMBRALES
A Concepción Cantelar

Abro una puerta: hay cielo, espigas en los calcetines, una cometa, el aroma a madera dulce de un lápiz, canicas, cuadernos rayados, el mercurocromo que no cesa, una pulida piedrecita de playa.

Abro otra: hay renuncias, un despertador, el llanto del niño-jabato, manos sobre un cuerpo desnudo con piel de naranja sanguina, ráfagas de risa, la sirena en la fábrica, el ímpetu entendido como los rápidos de un río, una llamada de teléfono, ilusiones lastimadas.

Abro una más: hay caminos surcados y acatamientos, ritos de despedida, un banco al sol, la cal de las venas, un médico musitando algo en el pasillo blanco, recuerdos como heno quebradizo, temor.

Abro la última puerta: hay oscuridad inmaculadamente blanca.


La puerta 1, François Legrand



Ángel Olgoso, La máquina de languidecer, Páginas de espuma, Madrid, 2009, página 121.

Golondrinas, Miguel Florián

domingo, 28 de febrero de 2010

GOLONDRINAS

Observan cómo trazo los signos.
(Escapa una, y de nuevo regresa.)
Se escucha el chapoteo
de niños en el agua, y la tos del anciano.

La dureza del tiempo, el aroma secreto
del limón. La plenitud redonda de la tarde.

Las golondrinas persisten, ingraves,
sobre el cable invisible del teléfono.





Miguel Florián, Habitación 328 y otros poemas, Visor, Madrid, 2001, página 21.

Ikebana, Ángel Cerviño

miércoles, 24 de febrero de 2010
IKEBANA
Las dádivas estorban a los viajeros.
Matsuo Basho

mañana de abril / cumbre elevada / ¡se ve mayo! / al atardecer bajamos a la aldea en el fondo del valle / golondrinas y murciélagos apuran los últimos charcos del cielo / las sombras que llegan / por adelantar trabajo / van colocando las primeras estrellas / y se inclinan para coger la luna tras la montaña / pasa silbando malicioso el viento / levanta las faldas de la noche / ¡no lleva ropa interior! / enrojece el horizonte / se incendian las nubes / desde el bosque risa de lechuza /


Ángel Cerviño, El ave fénix solo caga canela (y otros poemas), DVD Ediciones, Barcelona, 2009, página 90.