Dos gorriones en vuelo, Ohara Koson
PISCINA IMPROVISADA
Habían regado; se había formado un charquito debajo del banco. Cinco o seis gorriones encontraron ahí la ocasión para el mejor baño de finales del verano. Entraban, retozaban un poco, agitaban las alas, salían, volvían a entrar. Su alegría era contagiosa. Qué frescor y qué vivacidad compartida: al final de ese baño, era el espectador quien se sentía limpio.
Jorge Riechmann, Fracasar mejor, Olifante, Tarazona, 2013.
0 comentarios:
Publicar un comentario